La media verdad que nos falta
Por Santiago Kovadloff | LA NACION
Un día, no hace de esto aún dos años, Ricardo Gil Lavedra citó en su casa a Pepe Eliaschev. Lo hizo en nombre de los integrantes de la Cámara Federal y del fiscal que juzgaron y sentenciaron a prisión perpetua a los ex comandantes del Proceso. Gil Lavedra le manifestó al periodista que hacía mucho tiempo que él y sus compañeros aspiraban a contar "la verdadera historia del juicio". Esa historia, le aseguró, nunca hasta entonces había sido relatada: "Siempre pensamos que algún día la escribiríamos. Pero el tiempo ha pasado y ya es evidente que no es algo que haremos nosotros. Además, no la leería nadie. Somos administradores de justicia, juristas tal vez, pero no escritores. Pensamos por unanimidad que la única persona que puede hacerlo sos vos".
Eliaschev aceptó el desafío. Puso, para ello, una sola condición: compaginar a su modo todo lo oído, hilvanarlo con su propio relato, articular la palabra de los jueces con la suya. El libro, en suma, sería su libro; la historia, sin duda, sería de ellos. Por lo demás, y para justificar la tarea, Eliaschev sólo tenía fuertes convicciones. La primera de ellas, nacida de la indignación: "Desde 2004, cuando el presidente Néstor Kirchner enunció desde el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada que durante veinte años la democracia argentina había hecho «silencio» en materia de derechos humanos y que él venía a pedir perdón por tal supuesta omisión, convivo con una insoportable sensación de injusticia y atropello".
Una segunda razón fue la esperanza de contrarrestar con Los hombres del juicio -así decidió titular su obra- el desconocimiento de lo sucedido entre quienes, por ser muy jóvenes en aquellos años o haber nacido después de lo ocurrido, nunca supieron bien qué fue lo que pasó.
A estos dos se sumó un tercer motivo, no menos esencial. Hace largo tiempo que Eliaschev está persuadido de que circula sólo una media verdad sobre los días en que el espanto ejerció su intendencia en la Argentina. Esa media verdad habla de las atrocidades consumadas desde el Estado, a partir del golpe del 24 de marzo de 1976. La otra media verdad, la que se enmascara y termina por distorsionar incluso el alcance de la primera, atañe a las acciones criminales de quienes, ya antes de ese golpe y en nombre de la "patria socialista", embistieron contra el orden constitucional. En la denuncia de este encubrimiento y de algunas de sus consecuencias dramáticas pone el autor de este libro un acento inconfundible por su claridad y coraje.
Más que en una versión aséptica de los contenidos del juicio, Eliaschev se interesó en las vivencias que su desarrollo despertó en los hombres que lo llevaron a cabo. Es así como lo testimonial gana el primer plano de una muy buena parte del libro. Le importó a Eliaschev quiénes fueron esos hombres hasta el momento en que se los convocó para cumplir con el papel histórico que les cupo. Qué sintieron y qué pensaron de esa convocatoria. Cómo emprendieron su tarea. Cómo convivieron cada uno de ellos con los demás en ese desempeño. "Este libro -aclara Eliaschev- detalla los entresijos de unas vidas comunes a las que una bisagra de la historia puso a decidir cuestiones vitales para este país."Así, desfilan por estas páginas la infancia, la adolescencia, la juventud y la adultez de cada uno de los jueces, siempre narradas en una sencilla primera persona del singular. El país en que vivieron y se educaron, sus familias de origen, sus sensibilidades ante los hechos cotidianos y los de mayor relieve espiritual se van plasmando en el libro hasta el momento en que la historia grande golpea a las puertas de cada uno de ellos. Este cruce entre lo medianamente previsible y lo imprevisible y súbito desvela a Eliaschev. Allí hace pie una de sus perplejidades más insistentes. Y su intensidad puede advertirse cuando reconstruye el momento en que el presidente Raúl Alfonsín, en casa del filósofo Carlos Nino, propuso a esos siete hombres que integraran la Cámara Federal que tendría a su cargo el juicio de los ex comandantes. Fue de hecho en esa casa donde se reunieron, por primera vez, tanto entre ellos como con el recién electo presidente de la República, Julio Strassera, Jorge Torlasco, Jorge Valerga Aráoz, Andrés D'Alessio, León Carlos Arslanian, Ricardo Gil Lavedra y Guillermo Ledesma. "Los artesanos individuales de esa fantástica afirmación del principio de la justicia y la consecuente derrota de la noción de impunidad fueron magistrados de la carrera judicial, hombres comunes con vidas parecidas y diferentes, pero a los que el azar impulsó a tener que proyectarse como seres extraordinarios. Esta es la parte más estremecedora de esta historia, la de seis jueces que, con el aporte decisivo de un fiscal excepcional y de una pequeña patrulla de seres indispensables que buscaron y recogieron las pruebas, sistematizaron los datos y averiguaron en los pliegues más tenebrosos del horror para que se supiera la verdad, hicieron lo que tenían que hacer."
Sobresale el momento en que cada uno de sus entrevistados cuenta de qué forma encaró y desarrolló su labor en la Cámara Federal. Cómo se ingresó y cómo se logró salir del laberinto informativo conformado por el caudal agobiante de elementos que debió tomarse en cuenta, las horas invertidas en la recaudación y el análisis de datos y testimonios siempre insoportables sobre secuestros, encarcelamientos y torturas, aportados por los sobrevivientes.
El libro de Eliaschev se suma a lo más esencial de una bibliografía tan diversificada y rica como polémica. Su valor documental y analítico lo inscribe entre las obras insoslayables para alcanzar una comprensión más honda de uno de los conflictos cruciales de nuestro pasado inmediato. Eso se advierte tanto en el retrato implacable del horror sembrado desde el Estado como en la condena enfática que también hace la Cámara de la acción criminal desatada por el terrorismo antes del golpe de 1976 y contra dos gobiernos constitucionales, el de Perón y el de su esposa. Los jueces prueban que fue el terrorismo el primero en recurrir a la violencia armada. Ello permite echar luz sobre la criminalidad -impune todavía- de tantos delitos cometidos en nombre de la revolución. Un párrafo medular de Eliaschev a este respecto: "El surgimiento, desarrollo y esplendor de los grupos guerrilleros dominó la escena política argentina desde por lo menos 1969 hasta 1977 (cuando ya habían sido liquidados). Montoneros, en septiembre de 1974, divulgó con orgullosa fruición, a través de la revista La Causa Peronista, dirigida por Rodolfo Galimberti, los detalles más escabrosos de cómo secuestraron y asesinaron en 1970 a Pedro Eugenio Aramburu. No había dudas, pues, de que el objetivo fue la toma del poder político por parte de las organizaciones terroristas. Groseramente descalificada como «teoría de los dos demonios», la noción jurídica de no menoscabar delitos por el sólo hecho de haber sido perpetrados en nombre de «la patria socialista», es el marco de valores y criterios que le permiten a la Cámara Federal proceder con un juicio y una sentencia sin antecedentes internacionales. Impertérrito ante las argucias, implacable con los autores y ejecutores del plan criminal, no miran para otro lado en el momento de admitir que la Argentina era una herida sangrante mucho antes de 1976". Así, y sin olvidar en ningún momento la condena indispensable de quienes no vacilaron en quebrantar ese año el orden constitucional, el autor subraya el aporte decisivo que realizó la Cámara Federal al caracterizar y repudiar a quienes hoy son injustamente homologados a tantas personas que fueron víctimas inocentes de la represión militar.
Lúcidamente procede, pues, Eliaschev al recordar que sigue impaga la deuda contraída con la verdad y la justicia mediante el encubrimiento de las acciones terroristas. La mistificación y la idealización de esos delitos de lesa humanidad están entre los obstáculos que impiden comprender y superar un pasado tormentoso. Y aun cuando en su momento la Cámara Federal no vaciló en denunciarlos, siguen pendientes de condena los responsables de tantos secuestros y asesinatos (la Cámara Federal contabilizó más de 700 muertes) cometidos en nombre de "la patria socialista" y en desmedro de la democracia y la Constitución.
Hay algo fundamental que no debe olvidarse en estos tiempos en que abundan las voces que buscan negar la autoproclamación que en su momento hizo la guerrilla de sí misma como un ejército embarcado en una guerra de liberación. Me refiero a las palabras con las que el autor rescata los enunciados que al respecto emitió la Cámara Federal: "Desde su aparición formal (1970-71), los grupos guerrilleros, como sus pares de toda América Latina, asumieron contornos, formas y contenidos exasperantemente militares. La cifra de reclutas de la guerrilla oscila entre 7.000 y 15.000 integrantes. Uniformes, grados, escalafón, código disciplinario, obediencia jerárquica: no se privaron de nada. No había dudas, pues, de que el objetivo fue «la toma del poder político por parte de las organizaciones terroristas», como lo afirma la Cámara. Lo que pretendían los insurrectos -sostiene Eliaschev en consonancia con la conclusiones de la Cámara Federal- era subvertir el orden establecido".
El periodista no deja de subrayar que "muchos años después, todo eso se fue desfigurando, primero de manera leve, después a marcha redoblada. Los desaparecidos en los años setenta fueron equiparados a quienes combatieron armas en mano contra un gobierno cuestionable, pero de plena legitimidad democrática". Reabierta la causa contra los ex comandantes, tras la presidencia de Carlos Menem, quien los indultó, y aplicada la figura de la imprescriptibilidad por la calificación de lesa humanidad, los terroristas jamás fueron juzgados ni tampoco sus víctimas fueron reconocidas como tales por ningún gobierno constitucional. Las acciones emprendidas contra las Fuerzas Armadas en particular son hechos que prueban la convicción de los terroristas de que estaban embarcados en una guerra. Como fuerzas militarizadas, pues, fueron combatidos ya en los años de Isabel Perón. Fue en su gobierno que se dio la orden de aniquilarlos. Y, previamente, fue Perón quien durante su último mandato y en respuesta a la agresión terrorista, "optó por la represión ilegal a través de una fuerza parapolicial, la Triple A".
Repudiando contundentemente el golpe de Estado de 1976, contrasentido absoluto si con él se aspiraba a respaldar las instituciones de la democracia y la República, "los jueces aseveran con firmeza que el desafío terrorista era, hacia fines de 1975, de descomunal gravedad y se encarnaba en las acciones del Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros".
Cuenta Gil Lavedra que, entre octubre y diciembre de 1984, él y sus compañeros se consagraron a diseñar el formato del juicio. Fueron horas febriles, cargadas de tensión y aun de enfrentamientos personales entre los jueces. La frágil democracia en que por entonces se vivía y el temor de que pudiera caer persuadió a los jueces de que el registro filmado del juicio a los ex comandantes debía ser enviado a Noruega para no exponerlo al riesgo de su desaparición. La democracia recién recuperada, escribe Eliaschev, "vivía amenazada por huelgas generales de los sindicatos peronistas (ya habían hecho ocho paros generales cuando los videos fueron depositados en Oslo) y por violentos y airados reclamos militares carapintada".
El libro de Eliaschev hilvana con habilidad los enunciados judiciales, su vehemente análisis de los hechos narrados y el relato de cada uno de los jueces. Hay páginas de vigoroso aliento expresivo. En ellas, lo trivial y lo trascendente se enhebran en forma conmovedora. Por ejemplo, en este relato de Gil Lavedra: "No siempre los seis estábamos de acuerdo. En las sentencias y antes de ellas hubo discrepancias. Eramos todos muy individualistas. Nos peleábamos, a veces casi hasta los golpes. La sentencia la firmábamos el lunes (9 de diciembre) a la tarde. Hubo una discusión terrible el sábado por el asunto de la degradación (de los ex comandantes). El domingo, desde las 8, discutimos muchas horas sobre las penas, sin llegar a un acuerdo. Fue ahí cuando dijimos: «Bueno, cortemos. Vayamos a comer una pizza». Nos fuimos a Banchero a almorzar. Nos quedaban un montón de cosas por hacer, no podíamos seguir discutiendo estérilmente las penas. Cuando nos sentamos los seis en Corrientes y Talcahuano, Carlos (Arslanian) sacó una servilleta y se hizo la mediación. Ledesma y yo me parece que éramos los más recalcitrantes, pero aflojamos, transamos. Carlos decidió escribir (las conclusiones) en la servilleta. Cuando terminó, ordenó: «Muchachos, me lo firman». Todo quedó acreditado en la servilleta de Banchero".
Eliaschev ha compuesto una obra relevante y abrumadora. Lo que en ella se aclara y recuerda es tan contundente como lo que se evidencia acerca de lo que aún sigue sin aclaración y sin memoria. Los hombres del juicio provoca los desvelos de un asunto que, por no haber perdido su dramática vigencia, despierta las tensiones y las reflexiones características de un problema que todavía sigue pendiente de solución. Y deja la sensación amarga de que la media verdad ganada sobre aquel oscuro país que fue el nuestro, debe y puede llegar a convertirse en una verdad entera, si lo que ya se sabe se completa con la explicitación de lo que, pese al esfuerzo cumplido por los hombres del juicio, se ha vuelto a silenciar y negar.
Hay en el libro una revelación que dice a las claras por qué Eliaschev llamó a su obra Los hombres del juicio. Una vez más es Gil Lavedra quien la brinda: "Juzgamos a los comandantes asegurándoles plenas garantías. La tarde de ese mismo lunes 9 de diciembre, tras la sentencia, propuse que nos juntáramos a la noche en mi casa. Vinieron todos los camaristas con sus mujeres y el fiscal Strassera también. Mi mujer se encargó de la comida y Carlos (Arslanian) y yo compramos la bebida, varias cajas de vino y champagne. Esa noche hicimos la catarsis. Nadie más que nosotros sabe cómo hemos vivido tan intensamente nuestra independencia como jueces. Nos emborrachamos. Terminamos a las seis de la mañana con todos los hombres desparramados en el suelo. Era natural. Era una catarsis. Tomamos la decisión de no dar una sola nota de prensa. Nadie nos llamó esa noche del festejo, ni Alfonsín ni el ministro Alconada Aramburú. Nadie. Los políticos tampoco fueron al juicio. Estaban todos cagados". © La Nacion
viernes, 28 de octubre de 2011
domingo, 12 de junio de 2011
La cortina de humo de los derechos humanos
La cortina de humo de los derechos humanos
Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky
Desde el inicio de su gestión, Néstor Kirchner salió a levantar la bandera de los derechos humanos, haciendo una revisión absolutamente sesgada de lo ocurrido en los 70. Por ejemplo, con sumo cuidado se hizo el corte del terrorismo de Estado a partir del 24 de marzo de 1976 sin considerar que la Triple A comenzó a operar bajó el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón.
Ni Néstor Kirchner ni CFK jamás dijeron nada al respecto porque sabían que hablar del terrorismo de Estado antes del 24 de marzo de 1976 implicaba descolocar la imagen de Perón y ganarse la antipatía de esa corriente política.
El matrimonio nunca hizo referencia al terrorismo como una fuerza armada, entrenada por gobiernos de otros países en la época de la guerra fría, que intentó tomar el poder por la fuerza. Me estoy refiriendo a un gobierno elegido por el voto como fue el de Juan Perón e Isabel Perón, que fue acosado por el terrorismo. Tanto es así que Hebe de Bonafini sostuvo cuando se inauguró el Museo de la Memoria (para mí, memoria parcial): “Qué pena los FAL, las armas con las que nuestros hijos quisieron hacer la revolución. Si el museo no va a mostrar cómo fue esa organización revolucionaria, las luchas que se libraron, los hechos que se realizaron, no sirve”. ¿Puede alguien que habla de derechos humanos afirmar semejante cosa? ¿Puede alguien que dice defender los derechos humanos, como lo hacía Néstor Kirchner y ahora CFK, ser creíble en su discurso cuando se abraza a una persona que reivindica el terrorismo como forma de imponer sus ideas y reivindica la violencia y la muerte como forma de tomar el poder?
Hebe de Bonafini tiene varias frases que más que reflejar su compromiso con los derechos humanos, la muestran como a una mujer violenta y autoritaria. Cuando vio con agrado el ataque a las Torres Gemelas no pensó en los miles de inocentes que habían muerto, sino que se expresó como si estuviera festejando un acto de venganza hacia lo que ella considera el imperio norteamericano. Los miles de muertos civiles en las Torres no eran humanos para doña Hebe. La madre de Néstor y Cristina.
El kirchnerismo también inventó La Cámpora por el ex presidente Cámpora, que no tuvo mejor idea como primer acto de gobierno que liberar a los terroristas que, durante el gobierno militar anterior, habían sido juzgados y sentenciados. Esos mismos terroristas que una vez liberados volvieron a sus andadas. Esos mismos grupos terroristas que luego se enfrentaron a Perón. El mismo Perón que los echó de la Plaza de Mayo.
Por eso, francamente, no es creíble el discurso kirchnerista de los derechos humanos. En primer lugar, porque cuenta una historia parcial y desvirtuada de lo ocurrido en los 70. En segundo lugar porque reinventa la imagen de Cámpora que fue despreciado hasta por el mismo Perón y liberó a terroristas que luego salieron a matar gente inocente. Y en tercer lugar porque en cada acto oficial CFK, y antes Kirchner, siempre tenían como invitada de honor a doña Hebe, la misma que se alegró por la muerte de inocentes en las Torres Gemelas y la que dijo que sus hijos habían usado el FAL para hacer la revolución. Una revolución a sangre y fuego, donde cayeron civiles y niños acribillados bajo la metralla del terrorismo. ¿Alguna vez escuchó a CFK, a Néstor o a Hebe hablar de la trágica muerte de la pequeña hija del capitán Viola en Tucumán, asesinada por los FALS terrorista? ¿Los mismos FALS que mataron a la hija del capitán Viola?
¿Alguna vez escuchó a doña Hebe, CFK o Néstor hablar de la muerte de la hija de Lambruschini, que murió en un ataque terrorista que hizo volar un departamento matando a la chica y a otros civiles inocentes?
Ahora que surge todo este escándalo de corrupción de Shocklender y las Madres de Plaza de Mayo, con un desfalco fenomenal de dinero que supuestamente debía ser destinado a la construcción de casas de gentes humilde, todo parece indicar que el discurso de los derechos humanos del matrimonio es más una cortina de humo para tapar infinidad de casos de corrupción que una convicción.
En los inicios de su gobierno Néstor Kirchner llegó a decir que todos éramos hijos de las madres de plaza de mayo. Personalmente yo no me siento hijo de una mujer que no solo destila odio e intolerancia en cada uno de sus discursos, sino que, además, le pasa por delante de las narices un elefante de corrupción y dice que no sabía nada.
Tampoco me siento hijo de una mujer que arengó a tomar el Palacio de Justicia para forzar a la Corte de Justicia a fallar de acuerdo a su paladar.
Hebe de Bonafini cambió de una supuesta defensa de los derechos humanos a empresaria de la construcción y militante kirchnerista.
Cuando uno ve los cientos de millones de pesos que salieron de nuestros bolsillos y fueron a parar a una fundación que dice defender los derechos humanos, pero ahora descubrimos que está envuelta en un fenomenal escándalo de corrupción, y encima, como decía antes, de corrupción con dinero que tenía que ser destinado a esa gente humilde que el gobierno dice defender, decía, cuando uno ve todo esto empieza a confirmar que el tema de los derechos humanos para este gobierno y sus aliados (¿socios?) es una especie de escenografía de cartón y aglomerado que esconde otra realidad. Un proyecto político que quiere el poder para hacer grandes negocios y usufructuar del poder.
¡Cuánto se criticó a Menem en los 90 por el famoso Tango 01, al punto que fue materia de la campaña electoral de 1999, y resulta que ahora doña CFK tiene una flota de aviones y helicópteros, viaja en AUDI y mister Shocklender tenía su Ferrari, aviones, lanchas, etc.! ¡Cuánta hipocresía junta!
Hablar de los pobres, robarles la plata y, encima, viajar en confortables aviones, helicópteros y autos. Hablar de los pobres, tirarles mendrugos para que a cambio tengan que ir a aplaudir los discursos de la señora de negro llorando por él.
Realmente causa repugnancia tanta hipocresía.
CFK dijo cuando lanzó el famoso fútbol para todos que ya no se iban a secuestrar los goles. Un uso burdo del tema de los derechos humanos. Claro, había que entretener a la gente con el fútbol mientras su madre Hebe manejaba una fundación que está, como mínimo, sospechada de corrupción.
En estos años de tanto palabrerío de derechos humanos, inclusión social, solidaridad y demás palabras bonistas, se ha denostado al liberalismo. La realidad es que los hoy llamados derechos humanos no son otra cosa que los derechos individuales que desde sus inicios defendió el pensamiento liberal. Limitar el poder del monarca para que no pudiera explotar económicamente a la población y además impedirle que violara los derechos individuales de los súbditos. El liberalismo, sin llenarse la boca de palabras lindas, busca la prosperidad de la gente bajo el manto de la libertad. Limita el poder del Estado para que el monopolio de la fuerza sea utilizado para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas y no para violar los derechos individuales y someter a todo tipo de arbitrariedades a la población.
Estos falsos defensores de los derechos humanos, hablan todo el tiempo de los pobres, pero detestan que se limite el poder de los gobiernos porque eso les impediría imponer sus proyectos hegemónicos y su corrupción desenfrenada.
En definitiva, cuando escucho hablar tanto de derechos humanos, sensibilidad social, inclusión y cosas por el estilo me acuerdo de aquella frase que dice: “dime de qué te jactas y te diré de qué careces”.
Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky
Desde el inicio de su gestión, Néstor Kirchner salió a levantar la bandera de los derechos humanos, haciendo una revisión absolutamente sesgada de lo ocurrido en los 70. Por ejemplo, con sumo cuidado se hizo el corte del terrorismo de Estado a partir del 24 de marzo de 1976 sin considerar que la Triple A comenzó a operar bajó el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón.
Ni Néstor Kirchner ni CFK jamás dijeron nada al respecto porque sabían que hablar del terrorismo de Estado antes del 24 de marzo de 1976 implicaba descolocar la imagen de Perón y ganarse la antipatía de esa corriente política.
El matrimonio nunca hizo referencia al terrorismo como una fuerza armada, entrenada por gobiernos de otros países en la época de la guerra fría, que intentó tomar el poder por la fuerza. Me estoy refiriendo a un gobierno elegido por el voto como fue el de Juan Perón e Isabel Perón, que fue acosado por el terrorismo. Tanto es así que Hebe de Bonafini sostuvo cuando se inauguró el Museo de la Memoria (para mí, memoria parcial): “Qué pena los FAL, las armas con las que nuestros hijos quisieron hacer la revolución. Si el museo no va a mostrar cómo fue esa organización revolucionaria, las luchas que se libraron, los hechos que se realizaron, no sirve”. ¿Puede alguien que habla de derechos humanos afirmar semejante cosa? ¿Puede alguien que dice defender los derechos humanos, como lo hacía Néstor Kirchner y ahora CFK, ser creíble en su discurso cuando se abraza a una persona que reivindica el terrorismo como forma de imponer sus ideas y reivindica la violencia y la muerte como forma de tomar el poder?
Hebe de Bonafini tiene varias frases que más que reflejar su compromiso con los derechos humanos, la muestran como a una mujer violenta y autoritaria. Cuando vio con agrado el ataque a las Torres Gemelas no pensó en los miles de inocentes que habían muerto, sino que se expresó como si estuviera festejando un acto de venganza hacia lo que ella considera el imperio norteamericano. Los miles de muertos civiles en las Torres no eran humanos para doña Hebe. La madre de Néstor y Cristina.
El kirchnerismo también inventó La Cámpora por el ex presidente Cámpora, que no tuvo mejor idea como primer acto de gobierno que liberar a los terroristas que, durante el gobierno militar anterior, habían sido juzgados y sentenciados. Esos mismos terroristas que una vez liberados volvieron a sus andadas. Esos mismos grupos terroristas que luego se enfrentaron a Perón. El mismo Perón que los echó de la Plaza de Mayo.
Por eso, francamente, no es creíble el discurso kirchnerista de los derechos humanos. En primer lugar, porque cuenta una historia parcial y desvirtuada de lo ocurrido en los 70. En segundo lugar porque reinventa la imagen de Cámpora que fue despreciado hasta por el mismo Perón y liberó a terroristas que luego salieron a matar gente inocente. Y en tercer lugar porque en cada acto oficial CFK, y antes Kirchner, siempre tenían como invitada de honor a doña Hebe, la misma que se alegró por la muerte de inocentes en las Torres Gemelas y la que dijo que sus hijos habían usado el FAL para hacer la revolución. Una revolución a sangre y fuego, donde cayeron civiles y niños acribillados bajo la metralla del terrorismo. ¿Alguna vez escuchó a CFK, a Néstor o a Hebe hablar de la trágica muerte de la pequeña hija del capitán Viola en Tucumán, asesinada por los FALS terrorista? ¿Los mismos FALS que mataron a la hija del capitán Viola?
¿Alguna vez escuchó a doña Hebe, CFK o Néstor hablar de la muerte de la hija de Lambruschini, que murió en un ataque terrorista que hizo volar un departamento matando a la chica y a otros civiles inocentes?
Ahora que surge todo este escándalo de corrupción de Shocklender y las Madres de Plaza de Mayo, con un desfalco fenomenal de dinero que supuestamente debía ser destinado a la construcción de casas de gentes humilde, todo parece indicar que el discurso de los derechos humanos del matrimonio es más una cortina de humo para tapar infinidad de casos de corrupción que una convicción.
En los inicios de su gobierno Néstor Kirchner llegó a decir que todos éramos hijos de las madres de plaza de mayo. Personalmente yo no me siento hijo de una mujer que no solo destila odio e intolerancia en cada uno de sus discursos, sino que, además, le pasa por delante de las narices un elefante de corrupción y dice que no sabía nada.
Tampoco me siento hijo de una mujer que arengó a tomar el Palacio de Justicia para forzar a la Corte de Justicia a fallar de acuerdo a su paladar.
Hebe de Bonafini cambió de una supuesta defensa de los derechos humanos a empresaria de la construcción y militante kirchnerista.
Cuando uno ve los cientos de millones de pesos que salieron de nuestros bolsillos y fueron a parar a una fundación que dice defender los derechos humanos, pero ahora descubrimos que está envuelta en un fenomenal escándalo de corrupción, y encima, como decía antes, de corrupción con dinero que tenía que ser destinado a esa gente humilde que el gobierno dice defender, decía, cuando uno ve todo esto empieza a confirmar que el tema de los derechos humanos para este gobierno y sus aliados (¿socios?) es una especie de escenografía de cartón y aglomerado que esconde otra realidad. Un proyecto político que quiere el poder para hacer grandes negocios y usufructuar del poder.
¡Cuánto se criticó a Menem en los 90 por el famoso Tango 01, al punto que fue materia de la campaña electoral de 1999, y resulta que ahora doña CFK tiene una flota de aviones y helicópteros, viaja en AUDI y mister Shocklender tenía su Ferrari, aviones, lanchas, etc.! ¡Cuánta hipocresía junta!
Hablar de los pobres, robarles la plata y, encima, viajar en confortables aviones, helicópteros y autos. Hablar de los pobres, tirarles mendrugos para que a cambio tengan que ir a aplaudir los discursos de la señora de negro llorando por él.
Realmente causa repugnancia tanta hipocresía.
CFK dijo cuando lanzó el famoso fútbol para todos que ya no se iban a secuestrar los goles. Un uso burdo del tema de los derechos humanos. Claro, había que entretener a la gente con el fútbol mientras su madre Hebe manejaba una fundación que está, como mínimo, sospechada de corrupción.
En estos años de tanto palabrerío de derechos humanos, inclusión social, solidaridad y demás palabras bonistas, se ha denostado al liberalismo. La realidad es que los hoy llamados derechos humanos no son otra cosa que los derechos individuales que desde sus inicios defendió el pensamiento liberal. Limitar el poder del monarca para que no pudiera explotar económicamente a la población y además impedirle que violara los derechos individuales de los súbditos. El liberalismo, sin llenarse la boca de palabras lindas, busca la prosperidad de la gente bajo el manto de la libertad. Limita el poder del Estado para que el monopolio de la fuerza sea utilizado para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas y no para violar los derechos individuales y someter a todo tipo de arbitrariedades a la población.
Estos falsos defensores de los derechos humanos, hablan todo el tiempo de los pobres, pero detestan que se limite el poder de los gobiernos porque eso les impediría imponer sus proyectos hegemónicos y su corrupción desenfrenada.
En definitiva, cuando escucho hablar tanto de derechos humanos, sensibilidad social, inclusión y cosas por el estilo me acuerdo de aquella frase que dice: “dime de qué te jactas y te diré de qué careces”.
sábado, 28 de mayo de 2011
PUSILANIME BALZA
Las peripecias del embajador argentino en Colombia, Martín Balza: interrumpió a conferencista, minimizó el accionar guerrillero en los setenta y terminó humillado por general colombiano.
Los hechos se sucedieron en el marco de un ciclo de conferencias organizado por la Fundación Víctimas Visibles. Su intervención le reportó notable incomodidad, no solo por defender al accionar guerrillero en la Argentina (“sus crímenes ya caducaron”) sino porque, minutos después, sería revelado el contenido de una carta en fechada de 1989 en la que Balza felicitara a Jorge Videla por “haber dado tanto al engrandecimiento y la profesionalización” del Ejército Argentino. Las incoherencias en el discurso del General (R) se complementan para brindar cada vez más elementos de sospecha a sus detractores, que aseguran que sus opiniones le han valido el obsequio de la Embajada en Bogotá de parte del kirchnerismo y una gruesa cuota de impunidad a la hora de explicar su responsabilidad en el contrabando de armas de 1995 a Ecuador.
Dentro del ciclo organizado por la Fundación Víctimas Visibles, para analizar la trascendencia de la narrativa como instrumento de sanación del dolor de las víctimas y construcción de la memoria histórica. fueron invitados a exponer el pasado 5 de abril, el Lic. Arturo Larrabure y los Dres María Cristina Cacabelos y Javier Vigo.
Larrabure, es hijo del Cnel Argentino del Valle Larrabure, que fuera secuestrado y asesinado por el Ejército Revolucionario del Pueblo, durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. Autor del libro Un canto a la Patria, es Vicepresidente del Centro de Estudios Legales para el Terrorismo y sus Víctimas en Argentina.
María Cristina Cacabelos, integra el equipo animador de Proyecto 70 veces 7, comprometido en el trabajo por la paz nacional mediante la conformación de espacios de reflexión, diálogo y encuentro entre los actores y testigos directos e indirectos, de los hechos de la década del 70, en la convicción que el perdón, que se gesta en la intimidad personal, libera y posibilita la vida comunitaria mediante el ejercicio de la no violencia como medio para promover la paz, la renuncia a la venganza y el amor creativo.
Javier Vigo, es autor del libro Amar al Enemigo donde narra los esfuerzos destinados a concertar un diálogo de reconciliación entre el ex general Jorge Rafael Videla, y el líder de la guerrilla Mario Eduardo Firmenich. Como abogado de Arturo Larrabure libra en la actualidad una batalla jurídica para que los crímenes de la guerrilla sean también considerados de lesa humanidad.
Exposición de Vigo
Vigo, sostuvo que la Argentina vivió en la década del 70 una guerra revolucionaria, lo que fue expresamente reconocido por los camaristas que juzgaron a los comandantes militares.
Motivado por el mea culpa que Firmenich efectuara en l99l, reconociendo la existencia de una guerra, y que la inmensa mayoría de los desaparecidos eran militantes de la guerrilla, escribió el libro Amar al Enemigo.
Al advertir la presencia entre los oyentes del Embajador de Argentina en Colombia, Gral Martín Balza, Vigo recordó haber ponderado el reconocimiento que aquél hiciera como Jefe de Estado Mayor, afirmando que “delinque quien imparte o cumple ordenes inmorales, quien para cumplir un fin que cree justo, emplea medios injustos, inmorales”. Lamento, sin embargo, que Balza no exigiera el mea culpa de los políticos e intelectuales que entonces predicaron lógicas de violencia.
Videla, al aceptar participar en el diálogo de reconciliación, – recordó- puso como única condición que fueran también convocados los referentes políticos e intelectuales de aquél momento, corresponsables del drama vivido, el cual podía incluso partir de los reconocimientos de Balza. a quien Videla no cuestionó por ellos, sino – narra el libro- “por su actitud de separar artificialmente el ejército de ahora del de antes, a los buenos (él) y a los malos(nosotros); por su intención de sustraerse de su pasado del cual él es parte, olvidando que el ejército que comanda es único”.
Reveló Vigo que Firmenich, compartiendo que el peligro de reiteración existe, en la medida que la sociedad argentina niegue su protagonismo en las luchas violentas que ha vivido durante décadas, aceptó participar considerando esencial que el diálogo fuera convocado por una autoridad institucional, porque si no- dijo- “Videla y yo vamos a morir aplastados”.
Lamentablemente, – concluyó Vigo – ni la Iglesia, ni el gobierno lo convocaron, y hoy han vuelto a soplar en la Argentina vientos violentos.
Conmovedores testimonios
De inmediato se proyectó un video filmado al presentarse el libro, ocasión en que el autor fuera acompañado por el Tte Cnel Néstor Marcelo López Vargas- cuyo padre fuera asesinado por un comando del ERP en l974- y Rodolfo Molinas, ex militante montonero.
López Vargas dijo que ni a su padre ni al pasado podía ya salvarlos, sólo podía salvar el futuro. Pese al dolor de haberlo visto destrozado, con veintisiete impactos de bala, había optado por vivir sin odio llevando en su interior el recuerdo y el ejemplo de su padre en vida.
Rodolfo Molinas, leyó la carta que su padre, el Dr. Alberto Molinas, escribiera para tal ocasión, cuyos conceptos conmovieron a la audiencia. Hidalgamente, reconoció en ella que no cabe distinguir entre una violencia injusta y otra redentora, por lo que todos debíamos sentarnos a hacer un mea culpa, coincidiendo en que hubo una responsabilidad de la clase política que difundió la pedagogía de la violencia, la cual también fue proclamada en los colegios y en el púlpito.
“El error más trágico de guerrilleros, militares, políticos y educadores, fue no haber respetado el valor innato de la vida que vale por sí misma y no según lo que se piensa”- concluyó Molinas.
Intervención del Embajador Balza
Molesto por lo que acababa de escuchar, el embajador Balza solicitó permiso para expresar desde el estrado sus opiniones.
Su exposición duró dos horas, impidiendo que Cacabelos y Larrabure pudieran exponer, suscitándose un chispeante contrapunto entre los panelistas, los oyentes y el embajador.
Comenzó Balza por negar la existencia de una guerra, apoyándose en que las Fuerzas Armadas nunca la habían admitido en ningún documento oficial para evitar que los guerrilleros pudieran alegar el carácter de beligerantes.
Vigo le respondió destacando que esa razón de Estado no bastaba para fundar su inexistencia, pues ella fue expresamente reconocida en los “partes de guerra” de las organizaciones terroristas, y, por los propios jueces que concluyeron que Argentina vivió una guerra revolucionaria, en cuyo marco, y por mediar una “necesidad terribilísima” hubiera podido aplicarse la pena de muerte a través del código de justicia milita, procedimientos muy diferente a hacer desparecer personas.
Alegó el embajador que en marzo de l976 las organizaciones estaban sensiblemente disminuidas pudiendo ser combatidas con las fuerzas de seguridad, lo que rebatió Vigo recordando que los camaristas concluyeron que todos los organismos de seguridad habían sido superados.
Sostuvo Balza que Montoneros tenía no más de ochocientos combatientes. Y que el ERP no superaba los seiscientos.
¿Si eran tan pocos, de dónde salieron los 7000 que han cobrado indemnizaciones?- replicó el abogado de Larrabure.
Duelo de generales
Entre la audiencia se encontraba el general colombiano Julio Eduardo Echarry Solano, quien al pedir la palabra coincidió con la tesis de Vigo de que habían existido cuatro demonios: los políticos, los guerrilleros, los políticos y los educadores. “En toda guerra hay excesos, pero después de haberlo oído a Ud, General Balza, parecería que en la Argentina no hubo sino sólo un responsable de todos los muertos, de todos los errores, de todos los desaparecidos. Hasta donde yo me acuerdo creo que a un general debajo de su cama le puso una bomba una guerrillera que se había hecho amiga de su hija. Para ser bien corto, después de haberlo oído a Ud. me entra una profunda inquietud,: tiene razón el Dr. Vigo respecto a que soplan hoy en la Argentina vientos del odio mucho más fuertes que en el 2.001. Después de haberlo oído a Ud. si creo que hay vientos de odio y que los suyos están enfrentados solamente a una de las partes de ese conflicto”
-Yo he estado en una guerra. ¿No sé si vos has estado?, lo azuzó Balza.
-Le hago una aclaración, General. Estuvimos en guerra desde que salimos del colegio militar. Los colombianos hemos vivido cincuenta años de guerra, fue la cortante respuesta de Charry Solano.
Crímenes de lesa humanidad de la guerrilla
Sostuvo Vigo que la mejor manera de superar el pasado es juzgando a todos, sin amnistías, ni indultos, ni leyes de obediencia debida y punto final.
Balza respondió que los crímenes de la guerrilla habían prescripto por no ser de lesa humanidad atento a la ausencia de participación estatal.
Fue entonces cuando la socióloga Ligia Velázquez de Charry hizo oír su voz diciendo: “Nosotros los civiles en Colombia hemos sido sometidos a los excesos de la guerrilla. ¿O la guerrilla no viola derechos? Hemos tenido secuestrados de diez años, tragedias familiares, pero ellos no son responsables jurídicamente porque el único que viola los derechos humanos, según Ud, Gral Balza, es el Estado. Me parece que en aras de la paz, en aras del perdón, es una asimetría completa que jamás llevará a Colombia a la paz. En el caso de la teoría suya, que manejan muchos sociólogos, el victimario siempre será el Estado, pero los civiles que han vivido la tragedia de la guerrilla que no es sujeto de derecho jamás podrán perdonar lo que se les ha hecho y esa será la eterna tragedia que tendrá Colombia”
“No voy a opinar porque sería incursionar en los asuntos internos”- se excusó Balza.
La jurisprudencia internacional
María Cristina Cacabelos brindó un ejemplo de hidalguía cuando, pese a tener tres hermanos montoneros muertos, rebatió al embajador explicándole que la Corte Penal Internacional de la Haya, ha declarado como de lesa humanidad también los delitos cometidos por las bandas terroristas. “Que algunos Estados aún, diciéndose democráticos y republicanos, no quieran, no deseen, no puedan, o no se les antoje cumplir esa disposición de la Corte Penal Internacional de la Haya, a pesar de que esos Estados han reconocido a dicha Corte como válida no significa que no exista esa definición”- expresó
La silla vacía. Cartas a Videla
Lamentablemente Balza faltó a la cita en los dos días subsiguientes donde los panelistas analizaron las diferencias entre la memoria y la historia. La primera, nos enseña Pierre Nora, es vulnerable a toda manipulación. Sólo acepta lo que le conviene. La historia, en cambio, es una operación intelectual, laica, que exige un análisis y un discurso críticos.
Alegando no haber tenido nunca trato directo con Videla, el embajador lo describió como “un falto de carácter, un pusilánime, un hombre que nunca quiso comprometerse totalmente”.
La historia presentó a los asistentes para su análisis dos cartas, presuntamente dirigidas por Balza a quien tan severamente criticara.
La primera de ellas, de fecha 26.5.1989, va dirigida al “Tte Gral Videla” en momentos en que ya había sido destituido, “haciéndole llegar su más profundo agradecimiento a quien tanto diera por el engrandecimiento y profesionalización” del Ejercito Argentino”.
La segunda, enviada el 20.12.89, dice: “A nadie escapa ya que los tiempos de la historia han comenzado a reubicar los hechos, iluminando la verdad que algunos intentaron colocar en un cono de sombra tan falso como poco creíble. La conjunción de estas fiestas navideñas y el brillo de una gesta heroica que empieza a adquirir su real dimensión a pesar de las falacias, debe ser interpretado con la Fe y la Esperanza del que contempla un nuevo amanecer”.
Citado por el juez argentino Bagnasco a reconocerlas, Balza no negó categóricamente que la firma existente en ellas fuera suya. En cuanto a la referencia a la “gesta heroica”, le aseguró a Bagnasco que aludía a la recuperación de las Malvinas, hecho curioso, pues en su exposición ante los asistentes a la diplomatura el embajador calificó de “aventura” a lo hecho por las Fuerzas Armadas Argentinas, aclarando a los colombianos que entonces “no estaba Videla, eran Galtieri, el almirante Anaya y el Brigadier Lami Dozo, quienes jugaron con un sentimiento arraigado del pueblo argentino llevando adelante una guerra improvisada.”
Remitido por Arturo Cilio Larrabure – Título y comentarios por El Ojo Digital
Los hechos se sucedieron en el marco de un ciclo de conferencias organizado por la Fundación Víctimas Visibles. Su intervención le reportó notable incomodidad, no solo por defender al accionar guerrillero en la Argentina (“sus crímenes ya caducaron”) sino porque, minutos después, sería revelado el contenido de una carta en fechada de 1989 en la que Balza felicitara a Jorge Videla por “haber dado tanto al engrandecimiento y la profesionalización” del Ejército Argentino. Las incoherencias en el discurso del General (R) se complementan para brindar cada vez más elementos de sospecha a sus detractores, que aseguran que sus opiniones le han valido el obsequio de la Embajada en Bogotá de parte del kirchnerismo y una gruesa cuota de impunidad a la hora de explicar su responsabilidad en el contrabando de armas de 1995 a Ecuador.
Dentro del ciclo organizado por la Fundación Víctimas Visibles, para analizar la trascendencia de la narrativa como instrumento de sanación del dolor de las víctimas y construcción de la memoria histórica. fueron invitados a exponer el pasado 5 de abril, el Lic. Arturo Larrabure y los Dres María Cristina Cacabelos y Javier Vigo.
Larrabure, es hijo del Cnel Argentino del Valle Larrabure, que fuera secuestrado y asesinado por el Ejército Revolucionario del Pueblo, durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. Autor del libro Un canto a la Patria, es Vicepresidente del Centro de Estudios Legales para el Terrorismo y sus Víctimas en Argentina.
María Cristina Cacabelos, integra el equipo animador de Proyecto 70 veces 7, comprometido en el trabajo por la paz nacional mediante la conformación de espacios de reflexión, diálogo y encuentro entre los actores y testigos directos e indirectos, de los hechos de la década del 70, en la convicción que el perdón, que se gesta en la intimidad personal, libera y posibilita la vida comunitaria mediante el ejercicio de la no violencia como medio para promover la paz, la renuncia a la venganza y el amor creativo.
Javier Vigo, es autor del libro Amar al Enemigo donde narra los esfuerzos destinados a concertar un diálogo de reconciliación entre el ex general Jorge Rafael Videla, y el líder de la guerrilla Mario Eduardo Firmenich. Como abogado de Arturo Larrabure libra en la actualidad una batalla jurídica para que los crímenes de la guerrilla sean también considerados de lesa humanidad.
Exposición de Vigo
Vigo, sostuvo que la Argentina vivió en la década del 70 una guerra revolucionaria, lo que fue expresamente reconocido por los camaristas que juzgaron a los comandantes militares.
Motivado por el mea culpa que Firmenich efectuara en l99l, reconociendo la existencia de una guerra, y que la inmensa mayoría de los desaparecidos eran militantes de la guerrilla, escribió el libro Amar al Enemigo.
Al advertir la presencia entre los oyentes del Embajador de Argentina en Colombia, Gral Martín Balza, Vigo recordó haber ponderado el reconocimiento que aquél hiciera como Jefe de Estado Mayor, afirmando que “delinque quien imparte o cumple ordenes inmorales, quien para cumplir un fin que cree justo, emplea medios injustos, inmorales”. Lamento, sin embargo, que Balza no exigiera el mea culpa de los políticos e intelectuales que entonces predicaron lógicas de violencia.
Videla, al aceptar participar en el diálogo de reconciliación, – recordó- puso como única condición que fueran también convocados los referentes políticos e intelectuales de aquél momento, corresponsables del drama vivido, el cual podía incluso partir de los reconocimientos de Balza. a quien Videla no cuestionó por ellos, sino – narra el libro- “por su actitud de separar artificialmente el ejército de ahora del de antes, a los buenos (él) y a los malos(nosotros); por su intención de sustraerse de su pasado del cual él es parte, olvidando que el ejército que comanda es único”.
Reveló Vigo que Firmenich, compartiendo que el peligro de reiteración existe, en la medida que la sociedad argentina niegue su protagonismo en las luchas violentas que ha vivido durante décadas, aceptó participar considerando esencial que el diálogo fuera convocado por una autoridad institucional, porque si no- dijo- “Videla y yo vamos a morir aplastados”.
Lamentablemente, – concluyó Vigo – ni la Iglesia, ni el gobierno lo convocaron, y hoy han vuelto a soplar en la Argentina vientos violentos.
Conmovedores testimonios
De inmediato se proyectó un video filmado al presentarse el libro, ocasión en que el autor fuera acompañado por el Tte Cnel Néstor Marcelo López Vargas- cuyo padre fuera asesinado por un comando del ERP en l974- y Rodolfo Molinas, ex militante montonero.
López Vargas dijo que ni a su padre ni al pasado podía ya salvarlos, sólo podía salvar el futuro. Pese al dolor de haberlo visto destrozado, con veintisiete impactos de bala, había optado por vivir sin odio llevando en su interior el recuerdo y el ejemplo de su padre en vida.
Rodolfo Molinas, leyó la carta que su padre, el Dr. Alberto Molinas, escribiera para tal ocasión, cuyos conceptos conmovieron a la audiencia. Hidalgamente, reconoció en ella que no cabe distinguir entre una violencia injusta y otra redentora, por lo que todos debíamos sentarnos a hacer un mea culpa, coincidiendo en que hubo una responsabilidad de la clase política que difundió la pedagogía de la violencia, la cual también fue proclamada en los colegios y en el púlpito.
“El error más trágico de guerrilleros, militares, políticos y educadores, fue no haber respetado el valor innato de la vida que vale por sí misma y no según lo que se piensa”- concluyó Molinas.
Intervención del Embajador Balza
Molesto por lo que acababa de escuchar, el embajador Balza solicitó permiso para expresar desde el estrado sus opiniones.
Su exposición duró dos horas, impidiendo que Cacabelos y Larrabure pudieran exponer, suscitándose un chispeante contrapunto entre los panelistas, los oyentes y el embajador.
Comenzó Balza por negar la existencia de una guerra, apoyándose en que las Fuerzas Armadas nunca la habían admitido en ningún documento oficial para evitar que los guerrilleros pudieran alegar el carácter de beligerantes.
Vigo le respondió destacando que esa razón de Estado no bastaba para fundar su inexistencia, pues ella fue expresamente reconocida en los “partes de guerra” de las organizaciones terroristas, y, por los propios jueces que concluyeron que Argentina vivió una guerra revolucionaria, en cuyo marco, y por mediar una “necesidad terribilísima” hubiera podido aplicarse la pena de muerte a través del código de justicia milita, procedimientos muy diferente a hacer desparecer personas.
Alegó el embajador que en marzo de l976 las organizaciones estaban sensiblemente disminuidas pudiendo ser combatidas con las fuerzas de seguridad, lo que rebatió Vigo recordando que los camaristas concluyeron que todos los organismos de seguridad habían sido superados.
Sostuvo Balza que Montoneros tenía no más de ochocientos combatientes. Y que el ERP no superaba los seiscientos.
¿Si eran tan pocos, de dónde salieron los 7000 que han cobrado indemnizaciones?- replicó el abogado de Larrabure.
Duelo de generales
Entre la audiencia se encontraba el general colombiano Julio Eduardo Echarry Solano, quien al pedir la palabra coincidió con la tesis de Vigo de que habían existido cuatro demonios: los políticos, los guerrilleros, los políticos y los educadores. “En toda guerra hay excesos, pero después de haberlo oído a Ud, General Balza, parecería que en la Argentina no hubo sino sólo un responsable de todos los muertos, de todos los errores, de todos los desaparecidos. Hasta donde yo me acuerdo creo que a un general debajo de su cama le puso una bomba una guerrillera que se había hecho amiga de su hija. Para ser bien corto, después de haberlo oído a Ud. me entra una profunda inquietud,: tiene razón el Dr. Vigo respecto a que soplan hoy en la Argentina vientos del odio mucho más fuertes que en el 2.001. Después de haberlo oído a Ud. si creo que hay vientos de odio y que los suyos están enfrentados solamente a una de las partes de ese conflicto”
-Yo he estado en una guerra. ¿No sé si vos has estado?, lo azuzó Balza.
-Le hago una aclaración, General. Estuvimos en guerra desde que salimos del colegio militar. Los colombianos hemos vivido cincuenta años de guerra, fue la cortante respuesta de Charry Solano.
Crímenes de lesa humanidad de la guerrilla
Sostuvo Vigo que la mejor manera de superar el pasado es juzgando a todos, sin amnistías, ni indultos, ni leyes de obediencia debida y punto final.
Balza respondió que los crímenes de la guerrilla habían prescripto por no ser de lesa humanidad atento a la ausencia de participación estatal.
Fue entonces cuando la socióloga Ligia Velázquez de Charry hizo oír su voz diciendo: “Nosotros los civiles en Colombia hemos sido sometidos a los excesos de la guerrilla. ¿O la guerrilla no viola derechos? Hemos tenido secuestrados de diez años, tragedias familiares, pero ellos no son responsables jurídicamente porque el único que viola los derechos humanos, según Ud, Gral Balza, es el Estado. Me parece que en aras de la paz, en aras del perdón, es una asimetría completa que jamás llevará a Colombia a la paz. En el caso de la teoría suya, que manejan muchos sociólogos, el victimario siempre será el Estado, pero los civiles que han vivido la tragedia de la guerrilla que no es sujeto de derecho jamás podrán perdonar lo que se les ha hecho y esa será la eterna tragedia que tendrá Colombia”
“No voy a opinar porque sería incursionar en los asuntos internos”- se excusó Balza.
La jurisprudencia internacional
María Cristina Cacabelos brindó un ejemplo de hidalguía cuando, pese a tener tres hermanos montoneros muertos, rebatió al embajador explicándole que la Corte Penal Internacional de la Haya, ha declarado como de lesa humanidad también los delitos cometidos por las bandas terroristas. “Que algunos Estados aún, diciéndose democráticos y republicanos, no quieran, no deseen, no puedan, o no se les antoje cumplir esa disposición de la Corte Penal Internacional de la Haya, a pesar de que esos Estados han reconocido a dicha Corte como válida no significa que no exista esa definición”- expresó
La silla vacía. Cartas a Videla
Lamentablemente Balza faltó a la cita en los dos días subsiguientes donde los panelistas analizaron las diferencias entre la memoria y la historia. La primera, nos enseña Pierre Nora, es vulnerable a toda manipulación. Sólo acepta lo que le conviene. La historia, en cambio, es una operación intelectual, laica, que exige un análisis y un discurso críticos.
Alegando no haber tenido nunca trato directo con Videla, el embajador lo describió como “un falto de carácter, un pusilánime, un hombre que nunca quiso comprometerse totalmente”.
La historia presentó a los asistentes para su análisis dos cartas, presuntamente dirigidas por Balza a quien tan severamente criticara.
La primera de ellas, de fecha 26.5.1989, va dirigida al “Tte Gral Videla” en momentos en que ya había sido destituido, “haciéndole llegar su más profundo agradecimiento a quien tanto diera por el engrandecimiento y profesionalización” del Ejercito Argentino”.
La segunda, enviada el 20.12.89, dice: “A nadie escapa ya que los tiempos de la historia han comenzado a reubicar los hechos, iluminando la verdad que algunos intentaron colocar en un cono de sombra tan falso como poco creíble. La conjunción de estas fiestas navideñas y el brillo de una gesta heroica que empieza a adquirir su real dimensión a pesar de las falacias, debe ser interpretado con la Fe y la Esperanza del que contempla un nuevo amanecer”.
Citado por el juez argentino Bagnasco a reconocerlas, Balza no negó categóricamente que la firma existente en ellas fuera suya. En cuanto a la referencia a la “gesta heroica”, le aseguró a Bagnasco que aludía a la recuperación de las Malvinas, hecho curioso, pues en su exposición ante los asistentes a la diplomatura el embajador calificó de “aventura” a lo hecho por las Fuerzas Armadas Argentinas, aclarando a los colombianos que entonces “no estaba Videla, eran Galtieri, el almirante Anaya y el Brigadier Lami Dozo, quienes jugaron con un sentimiento arraigado del pueblo argentino llevando adelante una guerra improvisada.”
Remitido por Arturo Cilio Larrabure – Título y comentarios por El Ojo Digital
viernes, 14 de enero de 2011
SERVICIO MILITAR
Servicio Militar
El texto adjunto lo escribió un Ingeniero del Conicet, Ex Liceista del
Liceo Militar General Espejo de Mendoza. Se llama Gabriel Cabrera
Habla sobre el Servicio Militar Obligatorio. No tiene desperdicio.
TEXTO
Acá hay un error de concepto. Eso de que "elegir" ser militar es cosa
de cada uno, es falso. El Artículo 21 de la Constitución OBLIGA a
todos los ciudadanos ("todos y todas", como se dice ahora...) a
armarse en defensa de la Nación. Eso va para todos: hombres, mujeres,
instruidos militarmente o no. Entonces es razonable que, así como
estamos obligados a ir a la escuela para aprender a escribir y a sumar
para algún día ser ciudadanos, en algún momento debemos prepararnos
para algún día ser soldados, ya que ser ciudadanos OBLIGA a ser
eventualmente soldados. El que hasta este punto NO ESTÉ de acuerdo,
debería plantearse cambiar la Constitución. No hay discusión hasta
este punto.
La ley que reglamenta cómo se hace para defender a la Patria (es decir
para cumplir el Art. 21) es la Ley de Servicio Militar. ( 17 mil y
pico, no me acuerdo el número) y la 19101 que es la Ley del Personal
Militar para el Ejército (y otras similares para las otras dos
Fuerzas). La Ley del Servicio Militar está vigente. Lo único que se
"suspendió" (no se "derogó") es el servicio de Conscripción.
Ok, esta ley vigente dice que todo ciudadano de 18 a 35 años de edad
FORMA PARTE de las reservas de las Fuerzas Armadas. Es decir NADIE TE
VA A PREGUNTAR si querés incorporarte si el Congreso de la Nación
decide llamarte, ya sea para la guerra, para una inundación en Santa
Fe o un terremoto en Mendoza. Entonces, señores, dejémonos de decir
boludeces: que a mi no me van a obligar, que uno quiere o no ir a los
cuarteles en su plan de vida, etc.
Repito, al que no le guste, que proponga a los legisladores que se
cambie la ley. A mi no me gusta pagar impuestos, y sin embargo debo
hacerlo. A mi no me gusta levantarme temprano, sin embargo lo hago. Al
empleado bancario tal vez no le guste andar siempre de traje y
corbata, y no lo elegiría "como plan de vida", pero lo acepta social y
cívicamente porque ese es su trabajo. Dejemos de darle vuelta los
argentinos a todo y discutir todo. Seamos más dispuestos y altruistas.
Bienvenido el servicio militar obligatorio. Y no solo es para
enderezar "negritos de la villa", como se queja alguno por ahí, sino
para socializar tanto a ellos como a los nenes de papá y a los
ciudadanos laburantes o estudiantes. A TODOS, señores, como lo ha
hecho durante casi un siglo la colimba. Todos comiendo la misma comida
y con las mismas ocupaciones, codo a codo en la trinchera o barriendo
el patio o jurando la bandera.
Ese concepto es el punto medio de la cosa. No es que el Servicio
Militar Obligatorio "castigue" a los jóvenes descarriados y por ello
eliminamos la seguridad. NOOOO!!! ERROR ! El concepto es que en algún
momento nos saca de la realidad particular (la villa, la mansión, la
pala, el arado, el aula o la oficina) y nos mete en la misma bolsa
donde sólo sos un ARGENTINO, un CIUDADANO. Y allí a muchos les "cae la
ficha" de como es eso del "deber ser": ni pibe chorro, ni nene garca,
ni plebeyo ni burgués. ¿Es tan dificil de entender???
Y ahora me presento, para que no me digan facho. Soy un ingeniero,
laburo todo el día como científico del CONICET (es decir, soy un
intelectual). Tras muchos años de laburar en la montaña (soy guía de
montaña) me pude comprar mi casa y una pequeña finca donde crio niños,
podo mi viña y cosecho mis aceitunas (es decir, me ensucio con tierra
también). Y considero haber cumplido con la preparación del Artículo
21, porque fui al Liceo Militar y soy un oficial de reserva. En el '78
me tocó la guerra con Chile (estaba en 4° año de ingeniería, ya tenía
una hija de meses, y sin embargo nadie me preguntó cual era mi "plan
de vida"). Como había movido un poco el culo en los primeros años de
facultad, ya no era un subteniente raso, sino un Teniente Primero, y
me tocó la responsabilidad (y el honor) de ser jefe de Compañía y
tener a mi mando casi 200 soldados, TODOS RESERVISTAS IGUAL QUE YO.
Así, señores, se vive en una República, donde los ciudadanos comunes
sabemos leer, escribir, criar hijos y defender la Patria con el fusil.
Saludos a todos desde Mendoza.
Gabriel Cabrera
CONICET
El texto adjunto lo escribió un Ingeniero del Conicet, Ex Liceista del
Liceo Militar General Espejo de Mendoza. Se llama Gabriel Cabrera
Habla sobre el Servicio Militar Obligatorio. No tiene desperdicio.
TEXTO
Acá hay un error de concepto. Eso de que "elegir" ser militar es cosa
de cada uno, es falso. El Artículo 21 de la Constitución OBLIGA a
todos los ciudadanos ("todos y todas", como se dice ahora...) a
armarse en defensa de la Nación. Eso va para todos: hombres, mujeres,
instruidos militarmente o no. Entonces es razonable que, así como
estamos obligados a ir a la escuela para aprender a escribir y a sumar
para algún día ser ciudadanos, en algún momento debemos prepararnos
para algún día ser soldados, ya que ser ciudadanos OBLIGA a ser
eventualmente soldados. El que hasta este punto NO ESTÉ de acuerdo,
debería plantearse cambiar la Constitución. No hay discusión hasta
este punto.
La ley que reglamenta cómo se hace para defender a la Patria (es decir
para cumplir el Art. 21) es la Ley de Servicio Militar. ( 17 mil y
pico, no me acuerdo el número) y la 19101 que es la Ley del Personal
Militar para el Ejército (y otras similares para las otras dos
Fuerzas). La Ley del Servicio Militar está vigente. Lo único que se
"suspendió" (no se "derogó") es el servicio de Conscripción.
Ok, esta ley vigente dice que todo ciudadano de 18 a 35 años de edad
FORMA PARTE de las reservas de las Fuerzas Armadas. Es decir NADIE TE
VA A PREGUNTAR si querés incorporarte si el Congreso de la Nación
decide llamarte, ya sea para la guerra, para una inundación en Santa
Fe o un terremoto en Mendoza. Entonces, señores, dejémonos de decir
boludeces: que a mi no me van a obligar, que uno quiere o no ir a los
cuarteles en su plan de vida, etc.
Repito, al que no le guste, que proponga a los legisladores que se
cambie la ley. A mi no me gusta pagar impuestos, y sin embargo debo
hacerlo. A mi no me gusta levantarme temprano, sin embargo lo hago. Al
empleado bancario tal vez no le guste andar siempre de traje y
corbata, y no lo elegiría "como plan de vida", pero lo acepta social y
cívicamente porque ese es su trabajo. Dejemos de darle vuelta los
argentinos a todo y discutir todo. Seamos más dispuestos y altruistas.
Bienvenido el servicio militar obligatorio. Y no solo es para
enderezar "negritos de la villa", como se queja alguno por ahí, sino
para socializar tanto a ellos como a los nenes de papá y a los
ciudadanos laburantes o estudiantes. A TODOS, señores, como lo ha
hecho durante casi un siglo la colimba. Todos comiendo la misma comida
y con las mismas ocupaciones, codo a codo en la trinchera o barriendo
el patio o jurando la bandera.
Ese concepto es el punto medio de la cosa. No es que el Servicio
Militar Obligatorio "castigue" a los jóvenes descarriados y por ello
eliminamos la seguridad. NOOOO!!! ERROR ! El concepto es que en algún
momento nos saca de la realidad particular (la villa, la mansión, la
pala, el arado, el aula o la oficina) y nos mete en la misma bolsa
donde sólo sos un ARGENTINO, un CIUDADANO. Y allí a muchos les "cae la
ficha" de como es eso del "deber ser": ni pibe chorro, ni nene garca,
ni plebeyo ni burgués. ¿Es tan dificil de entender???
Y ahora me presento, para que no me digan facho. Soy un ingeniero,
laburo todo el día como científico del CONICET (es decir, soy un
intelectual). Tras muchos años de laburar en la montaña (soy guía de
montaña) me pude comprar mi casa y una pequeña finca donde crio niños,
podo mi viña y cosecho mis aceitunas (es decir, me ensucio con tierra
también). Y considero haber cumplido con la preparación del Artículo
21, porque fui al Liceo Militar y soy un oficial de reserva. En el '78
me tocó la guerra con Chile (estaba en 4° año de ingeniería, ya tenía
una hija de meses, y sin embargo nadie me preguntó cual era mi "plan
de vida"). Como había movido un poco el culo en los primeros años de
facultad, ya no era un subteniente raso, sino un Teniente Primero, y
me tocó la responsabilidad (y el honor) de ser jefe de Compañía y
tener a mi mando casi 200 soldados, TODOS RESERVISTAS IGUAL QUE YO.
Así, señores, se vive en una República, donde los ciudadanos comunes
sabemos leer, escribir, criar hijos y defender la Patria con el fusil.
Saludos a todos desde Mendoza.
Gabriel Cabrera
CONICET
jueves, 30 de diciembre de 2010
UN GALLARDO PARA RECORDAR
UN GALLARDO PARA RECORDAR: JORGE RAFAEL VIDELA
Martes, 21 de diciembre de 2010
Amigos:
Nunca fui adherente del Partido Militar, por distintas circunstancias de modo tiempo y lugar, que no vienen al caso comentar ahora.
Pero hace instantes, cuando escuchaba el alegato del ex Presidente, frente al Sanedrín que lo tiene bajo proceso, experimente una sincera admiración por un octogenario, que con más presencia de ánimo que el "lloriqueante" Bussi, supo defender su postura frente a la posteridad.
Lo hizo con eso, con gallardía, pese a su deteriorado estado de salud y su avanzada edad.
Ratifico una vez más, como lo hizo en el carnaval del juicio a las Juntas, con el coraje que se aguarda de los hombres con testículos, su absoluta responsabilidad, por sobre la de todos sus subordinados, incluyendo va de suyo, a otro Patriota que atentamente lo escuchaba: Luciano Menéndez.
Los "disolventes" de la audiencia, afectos a la mofa corporativa de este gobierno de ácratas, de pronto se vieron obligados a por lo menos guardar silencio.
Porque la verba sencilla y sin ambages de este anciano, no les dejó otra alternativa.
La de hoy, será una suerte de profecía de los acontecimientos disgregatorios por venir.
Recordaremos más de una vez sus palabras, y el porte ascético con que las expresó.
Será a partir de ahora un referente y mucho lamentaremos que la rueda de la vida que inexorablemente se le esta yendo entre sus temblorosas manos, pronto lo transforme en apenas otra leyenda.
Pero si alguna esperanza abriga aun a este cuerpo social desastrado, tal vez en un recóndito lugar de la adormilada conciencia de estos "Generales de Banda" en actividad, las palabras de este viejo Videla, les haga nacer algún gen de decencia, como para que incluso en la inferioridad de condiciones operativas en las que se encuentran nuestras Fuerzas Armadas, les advierta que este Pueblo, que se avizora como cobarde y ausente, todavía guarda cierta admiración por las Instituciones Castrenses.
A pesar de la propaganda subversiva oficial, que ininterrumpidamente desde hace casi treinta años, hizo, hace y hará todo lo indecible para sepultar su existencia, con el concurso auxiliador de los Ríos Ereñú, los Balza, los Bendini y de tantos otros canallas lame pies & besamanos.
Los terroristas de los setenta; esos que todos despreciamos y condenamos en su momento hoy están a sus anchas en el corrompido Poder del Estado.
Vemos que sus postulados de la clandestinidad de entonces, hoy están oficializados.
La anarquía con más la indefinición de la población civil y el desarme de las Fuerzas de Seguridad, era su cenit.
Ya han cumplido sus metas a entera satisfacción.
En el futuro cercano, aparece ahora la figura del cabezón Duhalde, como el remedio y la cura contra la rabia kirchnerista.
Pero eso seria simplificar demasiado el problema.Sólo limitarse a cambiar una cúpula mafiosa por otra de la misma calaña. La Nación requiere de otros jugadores.
Acaso alguien como el Ilustre Orador de hace instantes, que es un Devoto Cristiano y que además vive en la mas digna indigencia.
El tiempo de las palabras, de las Carrió, de los Cobos, de los Macri, de los radicales y de los irreverentes e incorregibles peronistas, debe llegar a su fin. Porque juntos o separados nos han conducido a este abismo existencial, en el que la cultura gay pretende imponerse como regla social.
Todos, absolutamente todos ellos, deben sentarse por vez primera en el banquillo de los acusados para ser ejecutados por sus crímenes aberrantes contra lo que alguna vez fue nuestra Patria.
Mientras nos preparamos para ello, no olvidemos ni por un instante que existe UN GALLARDO PARA RECORDAR: JORGE RAFAEL VIDELA.-
____________________________________________________________
Como me llego lo trasmito
Martes, 21 de diciembre de 2010
Amigos:
Nunca fui adherente del Partido Militar, por distintas circunstancias de modo tiempo y lugar, que no vienen al caso comentar ahora.
Pero hace instantes, cuando escuchaba el alegato del ex Presidente, frente al Sanedrín que lo tiene bajo proceso, experimente una sincera admiración por un octogenario, que con más presencia de ánimo que el "lloriqueante" Bussi, supo defender su postura frente a la posteridad.
Lo hizo con eso, con gallardía, pese a su deteriorado estado de salud y su avanzada edad.
Ratifico una vez más, como lo hizo en el carnaval del juicio a las Juntas, con el coraje que se aguarda de los hombres con testículos, su absoluta responsabilidad, por sobre la de todos sus subordinados, incluyendo va de suyo, a otro Patriota que atentamente lo escuchaba: Luciano Menéndez.
Los "disolventes" de la audiencia, afectos a la mofa corporativa de este gobierno de ácratas, de pronto se vieron obligados a por lo menos guardar silencio.
Porque la verba sencilla y sin ambages de este anciano, no les dejó otra alternativa.
La de hoy, será una suerte de profecía de los acontecimientos disgregatorios por venir.
Recordaremos más de una vez sus palabras, y el porte ascético con que las expresó.
Será a partir de ahora un referente y mucho lamentaremos que la rueda de la vida que inexorablemente se le esta yendo entre sus temblorosas manos, pronto lo transforme en apenas otra leyenda.
Pero si alguna esperanza abriga aun a este cuerpo social desastrado, tal vez en un recóndito lugar de la adormilada conciencia de estos "Generales de Banda" en actividad, las palabras de este viejo Videla, les haga nacer algún gen de decencia, como para que incluso en la inferioridad de condiciones operativas en las que se encuentran nuestras Fuerzas Armadas, les advierta que este Pueblo, que se avizora como cobarde y ausente, todavía guarda cierta admiración por las Instituciones Castrenses.
A pesar de la propaganda subversiva oficial, que ininterrumpidamente desde hace casi treinta años, hizo, hace y hará todo lo indecible para sepultar su existencia, con el concurso auxiliador de los Ríos Ereñú, los Balza, los Bendini y de tantos otros canallas lame pies & besamanos.
Los terroristas de los setenta; esos que todos despreciamos y condenamos en su momento hoy están a sus anchas en el corrompido Poder del Estado.
Vemos que sus postulados de la clandestinidad de entonces, hoy están oficializados.
La anarquía con más la indefinición de la población civil y el desarme de las Fuerzas de Seguridad, era su cenit.
Ya han cumplido sus metas a entera satisfacción.
En el futuro cercano, aparece ahora la figura del cabezón Duhalde, como el remedio y la cura contra la rabia kirchnerista.
Pero eso seria simplificar demasiado el problema.Sólo limitarse a cambiar una cúpula mafiosa por otra de la misma calaña. La Nación requiere de otros jugadores.
Acaso alguien como el Ilustre Orador de hace instantes, que es un Devoto Cristiano y que además vive en la mas digna indigencia.
El tiempo de las palabras, de las Carrió, de los Cobos, de los Macri, de los radicales y de los irreverentes e incorregibles peronistas, debe llegar a su fin. Porque juntos o separados nos han conducido a este abismo existencial, en el que la cultura gay pretende imponerse como regla social.
Todos, absolutamente todos ellos, deben sentarse por vez primera en el banquillo de los acusados para ser ejecutados por sus crímenes aberrantes contra lo que alguna vez fue nuestra Patria.
Mientras nos preparamos para ello, no olvidemos ni por un instante que existe UN GALLARDO PARA RECORDAR: JORGE RAFAEL VIDELA.-
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Como me llego lo trasmito
martes, 14 de diciembre de 2010
NO HAY MEMORIA SIN HISTORIA
NO HAY MEMORIA SIN HISTORIA
JORGE AVILA
En noviembre pasado, Tzvetan Todorov visitó nuestro país. Invitado probablemente por el gobierno o por grupos oficialistas, visitó la Escuela de Mecánica de la Armada y debió leer el catálogo institucional del Parque de la Memoria.
El catálogo señala que "Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, la Verdad y la Justicia".
De regreso en Europa, Todorov publicó sus reflexiones sobre la visita a nuestro país en la edición de ayer del diario español El País. En su edición del día de la fecha, el diario Ambito Financiero publica una versión resumida del artículo de El País. En síntesis, Todorov opina que sin conocimiento histórico no puede haber memoria ni verdad, y que sin verdad no puede haber justicia. Jorge Asís también se refirió al tema ayer.
Reproduzco a continuación un extracto del extracto de Ambito Financiero.
Tzvetan Todorov es uno de los críticos literarios más importantes del mundo; aportó con obras sustanciales a la semiología y a la crítica que se enseñan y discuten en las universidades de Europa y América. Es un búlgaro que completó su formación junto a Roland Barhes en Francia y es un emblemático de la academia contemporánea. Nadie puede decir de él que tenga un pensamiento de derecha; por el contrario, es un crítico de los totalitarismos de todos los orígenes, como lo demuestra en su último libro, «La experiencia totalitaria» (2010) en el cual describe las atrocidades del nazismo pero también del estalinismo. El mes pasado estuvo en la Argentina para dar un par de conferencias y el Gobierno lo paseó por los santuarios de la memoria de las víctimas de la represión clandestina de las guerrillas, incluyendo la oprobiosa ESMA. En una nota que publicó ayer el diario El País cuenta su experiencia y señala las ausencias en el debate público sobre los años 70, como por ejemplo las atrocidades cometidas también por las bandas terroristas. Llega a decir que en los mismos años en Camboya, activistas del mismo signo y modalidad tomaron el poder y provocaron la muerte del 25% de la población. Interesan las reflexiones de Todorov por la valentía y la profundidad con que reclama que no sólo haya memoria sino también historia. Damos los párrafos principales de esta nota de Todorov:
En el catálogo institucional del Parque de la Memoria, publicado hace algunos meses, se puede leer: «Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, Verdad y Justicia». Pese a la emoción experimentada ante las huellas de la violencia pasada, no consigo suscribir esta afirmación.
En ninguno de los dos lugares que visité vi el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura, ni a lo que la precedió y la siguió. Ahora bien, como todos sabemos, el período 1973-1976 fue el de las tensiones extremas que condujeron al país al borde de la guerra civil. Los Montoneros y otros grupos de extrema izquierda organizaban asesinatos de personalidades políticas y militares, que a veces incluían a toda su familia, tomaban rehenes con el fin de obtener un rescate, volaban edificios públicos y atracaban bancos. Tras la instauración de la dictadura, obedeciendo a sus dirigentes, a menudo refugiados en el extranjero, esos mismos grupúsculos pasaron a la clandestinidad y continuaron la lucha armada. Tampoco se puede silenciar la ideología que inspiraba a esta guerrilla de extrema izquierda y al régimen que tanto anhelaba.
Como fue vencida y eliminada, no se pueden calibrar las consecuencias que hubiera tenido su victoria. Pero, a título de comparación, podemos recordar que, más o menos en el mismo momento (entre 1975 y 1979), una guerrilla de extrema izquierda se hizo con el poder en Camboya. El genocidio que desencadenó causó la muerte de alrededor de un millón y medio de personas, el 25% de la población del país. Las víctimas de la represión del terrorismo de Estado en la Argentina, demasiado numerosas, representan el 0,01% de la población.
Claro está que no se puede asimilar a las víctimas reales con las víctimas potenciales. Tampoco estoy sugiriendo que la violencia de la guerrilla sea equiparable a la de la dictadura. No sólo las cifras son, una vez más, desproporcionadas, sino que además los crímenes de la dictadura son particularmente graves por el hecho de ser promovidos por el aparato del Estado, garante teórico de la legalidad. No sólo destruyen las vidas de los individuos, sino las mismas bases de la vida común. Sin embargo, no deja de ser cierto que un terrorismo revolucionario precedió y convivió al principio con el terrorismo de Estado, y que no se puede comprender el uno sin el otro.
En su introducción, el catálogo del Parque de la Memoria define así la ambición de este lugar: «Sólo de esta manera se puede realmente entender la tragedia de hombres y mujeres y el papel que cada uno tuvo en la historia». Pero no se puede comprender el destino de esas personas sin saber por qué ideal combatían ni de qué medios se servían. El visitante ignora todo lo relativo a su vida anterior a la detención: han sido reducidas al papel de víctimas meramente pasivas que nunca tuvieron voluntad propia ni llevaron a cabo ningún acto. Se nos ofrece la oportunidad de compararlas, no de comprenderlas. Sin embargo, su tragedia va más allá de la derrota y la muerte: luchaban en nombre de una ideología que, si hubiera salido victoriosa, probablemente habría provocado tantas víctimas, si no más, como sus enemigos. En todo caso, en su mayoría, eran combatientes que sabían que asumían ciertos riesgos.
La manera de presentar el pasado en estos lugares seguramente ilustra la memoria de uno de los actores del drama, el grupo de los reprimidos; pero no se puede decir que defienda eficazmente la Verdad, ya que omite parcelas enteras de la Historia. En cuanto a la Justicia, si entendemos por tal un juicio que no se limita a los tribunales, sino que atañe a nuestras vidas, sigue siendo imperfecta: el juicio equitativo es aquel que tiene en cuenta el contexto en el que se produce un acontecimiento, sus antecedentes y sus consecuencias. En este caso, la represión ejercida por la dictadura se nos presenta aislada del resto.
La cuestión que me preocupa no tiene que ver con la evaluación de las dos ideologías que se enfrentaron y siguen teniendo sus partidarios; es la de la comprensión histórica. Pues una sociedad necesita conocer la historia, no solamente tener memoria.
La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política.
Por su parte, la historia no se hace con un objetivo político (o si no, es una mala historia), sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos. (…) ¿Cómo podría verse coronado por el éxito el llamamiento al «¡Nunca más!»? Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo, adaptada a unas circunstancias inéditas.
Comprender al enemigo quiere decir también descubrir en qué nos parecemos a él. No hay que olvidar que la inmensa mayoría de los crímenes colectivos fueron cometidos en nombre del bien, la justicia y la felicidad para todos.
Las causas nobles no disculpan los actos innobles. (…)
En noviembre pasado, Tzvetan Todorov visitó nuestro país. Invitado probablemente por el gobierno o por grupos oficialistas, visitó la Escuela de Mecánica de la Armada y debió leer el catálogo institucional del Parque de la Memoria. El catálogo señala que "Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, la Verdad y la Justicia". De regreso en Europa, Todorov publicó sus reflexiones sobre la visita a nuestro país en la edición de ayer del diario español El País. En su edición del día de la fecha, el diario Ambito Financiero publica una versión resumida del artículo de El País. En síntesis, Todorov opina que sin conocimiento histórico no puede haber memoria ni verdad, y que sin verdad no puede haber justicia. Jorge Asís también se refirió al tema ayer. Reproduzco a continuación un extracto del extracto de Ambito Financiero.
Tzvetan Todorov es uno de los críticos literarios más importantes del mundo; aportó con obras sustanciales a la semiología y a la crítica que se enseñan y discuten en las universidades de Europa y América. Es un búlgaro que completó su formación junto a Roland Barhes en Francia y es un emblemático de la academia contemporánea. Nadie puede decir de él que tenga un pensamiento de derecha; por el contrario, es un crítico de los totalitarismos de todos los orígenes, como lo demuestra en su último libro, «La experiencia totalitaria» (2010) en el cual describe las atrocidades del nazismo pero también del estalinismo. El mes pasado estuvo en la Argentina para dar un par de conferencias y el Gobierno lo paseó por los santuarios de la memoria de las víctimas de la represión clandestina de las guerrillas, incluyendo la oprobiosa ESMA. En una nota que publicó ayer el diario El País cuenta su experiencia y señala las ausencias en el debate público sobre los años 70, como por ejemplo las atrocidades cometidas también por las bandas terroristas. Llega a decir que en los mismos años en Camboya, activistas del mismo signo y modalidad tomaron el poder y provocaron la muerte del 25% de la población. Interesan las reflexiones de Todorov por la valentía y la profundidad con que reclama que no sólo haya memoria sino también historia. Damos los párrafos principales de esta nota de Todorov:
En el catálogo institucional del Parque de la Memoria, publicado hace algunos meses, se puede leer: «Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, Verdad y Justicia». Pese a la emoción experimentada ante las huellas de la violencia pasada, no consigo suscribir esta afirmación.
En ninguno de los dos lugares que visité vi el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura, ni a lo que la precedió y la siguió. Ahora bien, como todos sabemos, el período 1973-1976 fue el de las tensiones extremas que condujeron al país al borde de la guerra civil. Los Montoneros y otros grupos de extrema izquierda organizaban asesinatos de personalidades políticas y militares, que a veces incluían a toda su familia, tomaban rehenes con el fin de obtener un rescate, volaban edificios públicos y atracaban bancos. Tras la instauración de la dictadura, obedeciendo a sus dirigentes, a menudo refugiados en el extranjero, esos mismos grupúsculos pasaron a la clandestinidad y continuaron la lucha armada. Tampoco se puede silenciar la ideología que inspiraba a esta guerrilla de extrema izquierda y al régimen que tanto anhelaba.
Como fue vencida y eliminada, no se pueden calibrar las consecuencias que hubiera tenido su victoria. Pero, a título de comparación, podemos recordar que, más o menos en el mismo momento (entre 1975 y 1979), una guerrilla de extrema izquierda se hizo con el poder en Camboya. El genocidio que desencadenó causó la muerte de alrededor de un millón y medio de personas, el 25% de la población del país. Las víctimas de la represión del terrorismo de Estado en la Argentina, demasiado numerosas, representan el 0,01% de la población.
Claro está que no se puede asimilar a las víctimas reales con las víctimas potenciales. Tampoco estoy sugiriendo que la violencia de la guerrilla sea equiparable a la de la dictadura. No sólo las cifras son, una vez más, desproporcionadas, sino que además los crímenes de la dictadura son particularmente graves por el hecho de ser promovidos por el aparato del Estado, garante teórico de la legalidad. No sólo destruyen las vidas de los individuos, sino las mismas bases de la vida común. Sin embargo, no deja de ser cierto que un terrorismo revolucionario precedió y convivió al principio con el terrorismo de Estado, y que no se puede comprender el uno sin el otro.
En su introducción, el catálogo del Parque de la Memoria define así la ambición de este lugar: «Sólo de esta manera se puede realmente entender la tragedia de hombres y mujeres y el papel que cada uno tuvo en la historia». Pero no se puede comprender el destino de esas personas sin saber por qué ideal combatían ni de qué medios se servían. El visitante ignora todo lo relativo a su vida anterior a la detención: han sido reducidas al papel de víctimas meramente pasivas que nunca tuvieron voluntad propia ni llevaron a cabo ningún acto. Se nos ofrece la oportunidad de compararlas, no de comprenderlas. Sin embargo, su tragedia va más allá de la derrota y la muerte: luchaban en nombre de una ideología que, si hubiera salido victoriosa, probablemente habría provocado tantas víctimas, si no más, como sus enemigos. En todo caso, en su mayoría, eran combatientes que sabían que asumían ciertos riesgos.
La manera de presentar el pasado en estos lugares seguramente ilustra la memoria de uno de los actores del drama, el grupo de los reprimidos; pero no se puede decir que defienda eficazmente la Verdad, ya que omite parcelas enteras de la Historia. En cuanto a la Justicia, si entendemos por tal un juicio que no se limita a los tribunales, sino que atañe a nuestras vidas, sigue siendo imperfecta: el juicio equitativo es aquel que tiene en cuenta el contexto en el que se produce un acontecimiento, sus antecedentes y sus consecuencias. En este caso, la represión ejercida por la dictadura se nos presenta aislada del resto.
La cuestión que me preocupa no tiene que ver con la evaluación de las dos ideologías que se enfrentaron y siguen teniendo sus partidarios; es la de la comprensión histórica. Pues una sociedad necesita conocer la historia, no solamente tener memoria. La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política. Por su parte, la historia no se hace con un objetivo político (o si no, es una mala historia), sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos. (…) ¿Cómo podría verse coronado por el éxito el llamamiento al «¡Nunca más!»? Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo, adaptada a unas circunstancias inéditas. Comprender al enemigo quiere decir también descubrir en qué nos parecemos a él. No hay que olvidar que la inmensa mayoría de los crímenes colectivos fueron cometidos en nombre del bien, la justicia y la felicidad para todos. Las causas nobles no disculpan los actos innobles. (…)
JORGE AVILA
En noviembre pasado, Tzvetan Todorov visitó nuestro país. Invitado probablemente por el gobierno o por grupos oficialistas, visitó la Escuela de Mecánica de la Armada y debió leer el catálogo institucional del Parque de la Memoria.
El catálogo señala que "Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, la Verdad y la Justicia".
De regreso en Europa, Todorov publicó sus reflexiones sobre la visita a nuestro país en la edición de ayer del diario español El País. En su edición del día de la fecha, el diario Ambito Financiero publica una versión resumida del artículo de El País. En síntesis, Todorov opina que sin conocimiento histórico no puede haber memoria ni verdad, y que sin verdad no puede haber justicia. Jorge Asís también se refirió al tema ayer.
Reproduzco a continuación un extracto del extracto de Ambito Financiero.
Tzvetan Todorov es uno de los críticos literarios más importantes del mundo; aportó con obras sustanciales a la semiología y a la crítica que se enseñan y discuten en las universidades de Europa y América. Es un búlgaro que completó su formación junto a Roland Barhes en Francia y es un emblemático de la academia contemporánea. Nadie puede decir de él que tenga un pensamiento de derecha; por el contrario, es un crítico de los totalitarismos de todos los orígenes, como lo demuestra en su último libro, «La experiencia totalitaria» (2010) en el cual describe las atrocidades del nazismo pero también del estalinismo. El mes pasado estuvo en la Argentina para dar un par de conferencias y el Gobierno lo paseó por los santuarios de la memoria de las víctimas de la represión clandestina de las guerrillas, incluyendo la oprobiosa ESMA. En una nota que publicó ayer el diario El País cuenta su experiencia y señala las ausencias en el debate público sobre los años 70, como por ejemplo las atrocidades cometidas también por las bandas terroristas. Llega a decir que en los mismos años en Camboya, activistas del mismo signo y modalidad tomaron el poder y provocaron la muerte del 25% de la población. Interesan las reflexiones de Todorov por la valentía y la profundidad con que reclama que no sólo haya memoria sino también historia. Damos los párrafos principales de esta nota de Todorov:
En el catálogo institucional del Parque de la Memoria, publicado hace algunos meses, se puede leer: «Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, Verdad y Justicia». Pese a la emoción experimentada ante las huellas de la violencia pasada, no consigo suscribir esta afirmación.
En ninguno de los dos lugares que visité vi el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura, ni a lo que la precedió y la siguió. Ahora bien, como todos sabemos, el período 1973-1976 fue el de las tensiones extremas que condujeron al país al borde de la guerra civil. Los Montoneros y otros grupos de extrema izquierda organizaban asesinatos de personalidades políticas y militares, que a veces incluían a toda su familia, tomaban rehenes con el fin de obtener un rescate, volaban edificios públicos y atracaban bancos. Tras la instauración de la dictadura, obedeciendo a sus dirigentes, a menudo refugiados en el extranjero, esos mismos grupúsculos pasaron a la clandestinidad y continuaron la lucha armada. Tampoco se puede silenciar la ideología que inspiraba a esta guerrilla de extrema izquierda y al régimen que tanto anhelaba.
Como fue vencida y eliminada, no se pueden calibrar las consecuencias que hubiera tenido su victoria. Pero, a título de comparación, podemos recordar que, más o menos en el mismo momento (entre 1975 y 1979), una guerrilla de extrema izquierda se hizo con el poder en Camboya. El genocidio que desencadenó causó la muerte de alrededor de un millón y medio de personas, el 25% de la población del país. Las víctimas de la represión del terrorismo de Estado en la Argentina, demasiado numerosas, representan el 0,01% de la población.
Claro está que no se puede asimilar a las víctimas reales con las víctimas potenciales. Tampoco estoy sugiriendo que la violencia de la guerrilla sea equiparable a la de la dictadura. No sólo las cifras son, una vez más, desproporcionadas, sino que además los crímenes de la dictadura son particularmente graves por el hecho de ser promovidos por el aparato del Estado, garante teórico de la legalidad. No sólo destruyen las vidas de los individuos, sino las mismas bases de la vida común. Sin embargo, no deja de ser cierto que un terrorismo revolucionario precedió y convivió al principio con el terrorismo de Estado, y que no se puede comprender el uno sin el otro.
En su introducción, el catálogo del Parque de la Memoria define así la ambición de este lugar: «Sólo de esta manera se puede realmente entender la tragedia de hombres y mujeres y el papel que cada uno tuvo en la historia». Pero no se puede comprender el destino de esas personas sin saber por qué ideal combatían ni de qué medios se servían. El visitante ignora todo lo relativo a su vida anterior a la detención: han sido reducidas al papel de víctimas meramente pasivas que nunca tuvieron voluntad propia ni llevaron a cabo ningún acto. Se nos ofrece la oportunidad de compararlas, no de comprenderlas. Sin embargo, su tragedia va más allá de la derrota y la muerte: luchaban en nombre de una ideología que, si hubiera salido victoriosa, probablemente habría provocado tantas víctimas, si no más, como sus enemigos. En todo caso, en su mayoría, eran combatientes que sabían que asumían ciertos riesgos.
La manera de presentar el pasado en estos lugares seguramente ilustra la memoria de uno de los actores del drama, el grupo de los reprimidos; pero no se puede decir que defienda eficazmente la Verdad, ya que omite parcelas enteras de la Historia. En cuanto a la Justicia, si entendemos por tal un juicio que no se limita a los tribunales, sino que atañe a nuestras vidas, sigue siendo imperfecta: el juicio equitativo es aquel que tiene en cuenta el contexto en el que se produce un acontecimiento, sus antecedentes y sus consecuencias. En este caso, la represión ejercida por la dictadura se nos presenta aislada del resto.
La cuestión que me preocupa no tiene que ver con la evaluación de las dos ideologías que se enfrentaron y siguen teniendo sus partidarios; es la de la comprensión histórica. Pues una sociedad necesita conocer la historia, no solamente tener memoria.
La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política.
Por su parte, la historia no se hace con un objetivo político (o si no, es una mala historia), sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos. (…) ¿Cómo podría verse coronado por el éxito el llamamiento al «¡Nunca más!»? Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo, adaptada a unas circunstancias inéditas.
Comprender al enemigo quiere decir también descubrir en qué nos parecemos a él. No hay que olvidar que la inmensa mayoría de los crímenes colectivos fueron cometidos en nombre del bien, la justicia y la felicidad para todos.
Las causas nobles no disculpan los actos innobles. (…)
En noviembre pasado, Tzvetan Todorov visitó nuestro país. Invitado probablemente por el gobierno o por grupos oficialistas, visitó la Escuela de Mecánica de la Armada y debió leer el catálogo institucional del Parque de la Memoria. El catálogo señala que "Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, la Verdad y la Justicia". De regreso en Europa, Todorov publicó sus reflexiones sobre la visita a nuestro país en la edición de ayer del diario español El País. En su edición del día de la fecha, el diario Ambito Financiero publica una versión resumida del artículo de El País. En síntesis, Todorov opina que sin conocimiento histórico no puede haber memoria ni verdad, y que sin verdad no puede haber justicia. Jorge Asís también se refirió al tema ayer. Reproduzco a continuación un extracto del extracto de Ambito Financiero.
Tzvetan Todorov es uno de los críticos literarios más importantes del mundo; aportó con obras sustanciales a la semiología y a la crítica que se enseñan y discuten en las universidades de Europa y América. Es un búlgaro que completó su formación junto a Roland Barhes en Francia y es un emblemático de la academia contemporánea. Nadie puede decir de él que tenga un pensamiento de derecha; por el contrario, es un crítico de los totalitarismos de todos los orígenes, como lo demuestra en su último libro, «La experiencia totalitaria» (2010) en el cual describe las atrocidades del nazismo pero también del estalinismo. El mes pasado estuvo en la Argentina para dar un par de conferencias y el Gobierno lo paseó por los santuarios de la memoria de las víctimas de la represión clandestina de las guerrillas, incluyendo la oprobiosa ESMA. En una nota que publicó ayer el diario El País cuenta su experiencia y señala las ausencias en el debate público sobre los años 70, como por ejemplo las atrocidades cometidas también por las bandas terroristas. Llega a decir que en los mismos años en Camboya, activistas del mismo signo y modalidad tomaron el poder y provocaron la muerte del 25% de la población. Interesan las reflexiones de Todorov por la valentía y la profundidad con que reclama que no sólo haya memoria sino también historia. Damos los párrafos principales de esta nota de Todorov:
En el catálogo institucional del Parque de la Memoria, publicado hace algunos meses, se puede leer: «Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, Verdad y Justicia». Pese a la emoción experimentada ante las huellas de la violencia pasada, no consigo suscribir esta afirmación.
En ninguno de los dos lugares que visité vi el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura, ni a lo que la precedió y la siguió. Ahora bien, como todos sabemos, el período 1973-1976 fue el de las tensiones extremas que condujeron al país al borde de la guerra civil. Los Montoneros y otros grupos de extrema izquierda organizaban asesinatos de personalidades políticas y militares, que a veces incluían a toda su familia, tomaban rehenes con el fin de obtener un rescate, volaban edificios públicos y atracaban bancos. Tras la instauración de la dictadura, obedeciendo a sus dirigentes, a menudo refugiados en el extranjero, esos mismos grupúsculos pasaron a la clandestinidad y continuaron la lucha armada. Tampoco se puede silenciar la ideología que inspiraba a esta guerrilla de extrema izquierda y al régimen que tanto anhelaba.
Como fue vencida y eliminada, no se pueden calibrar las consecuencias que hubiera tenido su victoria. Pero, a título de comparación, podemos recordar que, más o menos en el mismo momento (entre 1975 y 1979), una guerrilla de extrema izquierda se hizo con el poder en Camboya. El genocidio que desencadenó causó la muerte de alrededor de un millón y medio de personas, el 25% de la población del país. Las víctimas de la represión del terrorismo de Estado en la Argentina, demasiado numerosas, representan el 0,01% de la población.
Claro está que no se puede asimilar a las víctimas reales con las víctimas potenciales. Tampoco estoy sugiriendo que la violencia de la guerrilla sea equiparable a la de la dictadura. No sólo las cifras son, una vez más, desproporcionadas, sino que además los crímenes de la dictadura son particularmente graves por el hecho de ser promovidos por el aparato del Estado, garante teórico de la legalidad. No sólo destruyen las vidas de los individuos, sino las mismas bases de la vida común. Sin embargo, no deja de ser cierto que un terrorismo revolucionario precedió y convivió al principio con el terrorismo de Estado, y que no se puede comprender el uno sin el otro.
En su introducción, el catálogo del Parque de la Memoria define así la ambición de este lugar: «Sólo de esta manera se puede realmente entender la tragedia de hombres y mujeres y el papel que cada uno tuvo en la historia». Pero no se puede comprender el destino de esas personas sin saber por qué ideal combatían ni de qué medios se servían. El visitante ignora todo lo relativo a su vida anterior a la detención: han sido reducidas al papel de víctimas meramente pasivas que nunca tuvieron voluntad propia ni llevaron a cabo ningún acto. Se nos ofrece la oportunidad de compararlas, no de comprenderlas. Sin embargo, su tragedia va más allá de la derrota y la muerte: luchaban en nombre de una ideología que, si hubiera salido victoriosa, probablemente habría provocado tantas víctimas, si no más, como sus enemigos. En todo caso, en su mayoría, eran combatientes que sabían que asumían ciertos riesgos.
La manera de presentar el pasado en estos lugares seguramente ilustra la memoria de uno de los actores del drama, el grupo de los reprimidos; pero no se puede decir que defienda eficazmente la Verdad, ya que omite parcelas enteras de la Historia. En cuanto a la Justicia, si entendemos por tal un juicio que no se limita a los tribunales, sino que atañe a nuestras vidas, sigue siendo imperfecta: el juicio equitativo es aquel que tiene en cuenta el contexto en el que se produce un acontecimiento, sus antecedentes y sus consecuencias. En este caso, la represión ejercida por la dictadura se nos presenta aislada del resto.
La cuestión que me preocupa no tiene que ver con la evaluación de las dos ideologías que se enfrentaron y siguen teniendo sus partidarios; es la de la comprensión histórica. Pues una sociedad necesita conocer la historia, no solamente tener memoria. La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política. Por su parte, la historia no se hace con un objetivo político (o si no, es una mala historia), sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos. (…) ¿Cómo podría verse coronado por el éxito el llamamiento al «¡Nunca más!»? Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo, adaptada a unas circunstancias inéditas. Comprender al enemigo quiere decir también descubrir en qué nos parecemos a él. No hay que olvidar que la inmensa mayoría de los crímenes colectivos fueron cometidos en nombre del bien, la justicia y la felicidad para todos. Las causas nobles no disculpan los actos innobles. (…)
viernes, 26 de noviembre de 2010
LA MUERTE DE KIRCHNER
A Kirchner lo mató el miedo (y Moyano le dio el tiro de gracia)
Por Enrique Arenz para el Informador Público.
Las personalidades como Néstor Kirchner no se enferman por la acción, las peleas, las intrigas, las crispaciones cotidianas y la hiperactividad. Al contrario, disfrutan cuando humillan y someten a los demás, aplastan a sus enemigos y consiguen sus objetivos. Lo que los enferma es el fracaso, la caída, la derrota inesperada, la debilidad del poder, el morder el polvo una y otra vez.
Mientras Néstor Kirchner logró materializar sus ambiciones, someter a la incondicionalidad a sus adláteres y atropellar con éxito a sus adversarios y enemigos, vendió salud, fue feliz y se notaba que disfrutaba de su posición dominante.
Obligó al comandante del Ejercito a descolgar un cuadro, echó al obispo castrense sin consultar al Papa, mandó a encarcelar a cientos de oficiales sin derecho al arresto domiciliario por edad avanzada o enfermedad, aumentó una y otra vez las jubilaciones mínimas mientras postergaba arbitraria e injustamente las escalas superiores, sometió a gobernadores e intendentes, transformó en poderosas empresarias a las madres de Plaza de Mayo y entregó las calles a piqueteros y movimientos sociales subvencionados con dinero público. Pero por sobre todo supo multiplicar milagrosamente su propia fortuna personal.
Todo le salía bien. Hasta el extremo de idear una manera de burlar la Constitución poniendo a su esposa como sucesora para poder ocupar varios turnos presidenciales mediante esa alternancia artificial. No tuvo escrúpulos al ordenar la adulteración de las estadísticas del INDEC, no tuvo freno al meter la mano en las reservas del Banco Central, ni al manotear los recursos de la Anses ni al provocar una inflación que empobrece día a día a los pobres y arrastra a muchos a la indigencia. Hizo lo que se le dio la gana.
Pero un día las cosas comenzaron a salirle mal.
El primer aviso fue aquella inesperada manifestación masiva convocada por Juan Carlos Blumberg contra la inseguridad de la que ni él ni su esposa jamás se preocuparon. Después vino la valiente resistencia de los ruralistas contra el intento de aumentar abusivamente las retenciones, los cacerolazos en los centros urbanos, el rechazo popular al discurso enervante que planteaba el conflicto permanente y se negaba al diálogo negociador, y, finalmente, el demoledor voto no positivo del vicepresidente Cobos, una verdadera catástrofe.
Y a partir de ese traspié, una catarata de fiascos y frustraciones: el enfrentamiento con la Iglesia, que le costó el alejamiento de vastos sectores católicos; el conflicto con Uruguay, que terminó con una sentencia internacional contraria a la Argentina; la derrota electoral de 2008 con el oprobio de las listas testimoniales; la valija venezolana, las denuncias de Graciela Ocaña sobre la mafia de los medicamentos (mafia tolerada por el gobierno, por eso se tuvo que ir la ministra), la guerra contra el periodismo independiente que publicaba tapas, investigaciones, denuncias y opiniones que disgustaban al matrimonio, guerra que epilogó con el papelón increíble de la falsa denuncia contra la empresa Papel Prensa, y por último, la frustrada arremetida contra la Justicia “delivery”, los jueces “cautelares” y la Corte Suprema de Justicia (que había sido nombrada “para otra cosa”, según reconoció el Secretario Legal y Técnico de la presidencia), Corte Suprema cuyos dignos y probos ministros, a pesar de los insultos, las presiones y las amenazas, fallaron como tenían que fallar en tres causas fundamentales (tres puñaladas para el corazón sensible de Néstor): la extradición del terrorista chileno Apablaza, la reposición del procurador echado por Kirchner en Santa Cruz y la confirmación de la suspensión del artículo de “desinversión” de la Ley de Medios (hecho a medida para fulminar a Clarín).
A todo esto, las encuestas alambicadas de los analistas más complacientes le daban una caída libre en la intención de voto de la gente, le advertían la virtual imposibilidad de llegar al 40% en la primera vuelta en un proceso considerado irreversible, y por lo tanto la imposibilidad de la reelección de Cristina o la elección de Néstor en el 2011.
Scioli, oportunista y ventajero (pero no cobarde), lo culpó solapadamente de la inseguridad en la provincia haciendo trascender que tenía las manos atadas. “¿Quién le ata las manos, gobernador?”, bramó Kirchner fuera de sí en una tribuna mirándolo a Scioli con la cara contraída por el descontrol y la furia. Y esa afrenta le permitió al “sangre de horchata” dar señales de vaporosa independencia, poner condiciones a su asistencia al último acto en Santa Cruz y hasta admitir públicamente que podría ser candidato a presidente.
Varios intendentes se soliviantaron y algunos gobernadores se atrevieron a hablar “del futuro del Justicialismo” nada menos que con Duhalde.
Ahí Kirchner tuvo su anteúltimo episodio vascular.
Se produjo el asesinato del joven militante del PO, y cuando el gobierno intentó tirarle el muerto a Duhalde apareció en los odiados diarios la foto del presunto asesino abrazado con los ministros Boudou y Sileone, en una peña exclusiva y rigurosamente kirchnerista.
Pero mientras estas atroces derrotas se producían y debilitaban su menguante poder, los jueces federales movían parsimoniosamente los expedientes de incontables denuncias de corrupción que acorralan a los más cercanos colaboradores de los Kirchner.
Néstor sabía que cuando ya no estuviera en el poder tendría que afrontar serias consecuencias penales. No sólo él, también su esposa y posiblemente su hijo, que es el administrador de la fortuna familiar y como tal debe de saber mucho sobre el arte de comprar terrenos fiscales baratos y venderlos caros.
El horizonte se le puso muy negro, no tenía escapatoria. Por eso fantaseó con presentarse como candidato a gobernador por Santa Cruz, y dicen (esto no está probado aún) que había comenzado a urdir como última escapatoria un pacto de impunidad con Scioli a cambio de designarlo su heredero.
Cuando el ex presidente llegó a Calafate, ya se estaba muriendo. Su poder sin límites, sus proyectos hegemónicos, su “revolución” social, su “modelo” económico de acumulación y "distribución del ingreso", su capitalismo de amigos disfrazado de Justicia Social, todo, absolutamente todo, se estaba derrumbando.
Hasta la composición del Concejo de la Magistratura, que utilizó como amenaza contra algunos jueces vulnerables, cambiaría próximamente dejándolo sin el temible poder de veto.
Ya estaba muriendo, pero le faltaba el tiro de gracia.
Y se lo dio Moyano. El día anterior a su fallecimiento el camionero, exaltado porque también se sabe en peligro, habló con Kirchner por lo menos tres veces y le recriminó en duros términos haberle vaciado la reunión del Consejo Justicialista de la Provincia, a la que pegaron el faltazo los principales dirigentes aparentemente por orden de Kirchner. Claro, Kirchner también comprobó que Moyano era otro de sus terribles fracasos e intentaba esmerilarlo antes de que levantara demasiado vuelo. Pero ya era tarde.
Los que le cargaron a Moyano este sambenito (que le va a resultar difícil quitarse) aseguran que la discusión fue feroz: Moyano lo amenazó, le recordó que él era el dueño de la calle y que ya estaba harto de soportar sus maniobras arteras y su autoritarismo. A la mañana siguiente Kirchner estaba muerto.
No murió por patriota ni por ser un gladiador que dio su vida por sus ideales en beneficio del pueblo argentino. No fue un mártir, que prefirió la muerte antes que renunciar a sus convicciones, aunque mucha gente, en el marco de la necrofilia argentina, hoy así lo crea. Fue un ambicioso desmesurado de poder y de dinero, un político sin escrúpulos, sin ética, sin remordimientos, que usó la política y el poder en su propio beneficio. Y como suele ocurrir con todas las personas como él, que además están solas y aisladas porque desconfían hasta de sus sombras y no aceptan consejos ni opiniones que contradigan sus caprichos y sus locuras, un día la torre que edificó se le empezó a venir abajo.
Cuando Néstor tuvo la certeza de que el piso se le abría bajo sus pies y los de su familia, su corazón no lo soportó.
En síntesis: a Kirchner lo enfermó la seguidilla de fracasos sin retorno, y lo mató el miedo a las consecuencias penales que lo estaban acechando. Y fue Hugo Moyano quien tuvo el dudoso honor de darle el tiro de gracia.
Por Enrique Arenz para el Informador Público.
Las personalidades como Néstor Kirchner no se enferman por la acción, las peleas, las intrigas, las crispaciones cotidianas y la hiperactividad. Al contrario, disfrutan cuando humillan y someten a los demás, aplastan a sus enemigos y consiguen sus objetivos. Lo que los enferma es el fracaso, la caída, la derrota inesperada, la debilidad del poder, el morder el polvo una y otra vez.
Mientras Néstor Kirchner logró materializar sus ambiciones, someter a la incondicionalidad a sus adláteres y atropellar con éxito a sus adversarios y enemigos, vendió salud, fue feliz y se notaba que disfrutaba de su posición dominante.
Obligó al comandante del Ejercito a descolgar un cuadro, echó al obispo castrense sin consultar al Papa, mandó a encarcelar a cientos de oficiales sin derecho al arresto domiciliario por edad avanzada o enfermedad, aumentó una y otra vez las jubilaciones mínimas mientras postergaba arbitraria e injustamente las escalas superiores, sometió a gobernadores e intendentes, transformó en poderosas empresarias a las madres de Plaza de Mayo y entregó las calles a piqueteros y movimientos sociales subvencionados con dinero público. Pero por sobre todo supo multiplicar milagrosamente su propia fortuna personal.
Todo le salía bien. Hasta el extremo de idear una manera de burlar la Constitución poniendo a su esposa como sucesora para poder ocupar varios turnos presidenciales mediante esa alternancia artificial. No tuvo escrúpulos al ordenar la adulteración de las estadísticas del INDEC, no tuvo freno al meter la mano en las reservas del Banco Central, ni al manotear los recursos de la Anses ni al provocar una inflación que empobrece día a día a los pobres y arrastra a muchos a la indigencia. Hizo lo que se le dio la gana.
Pero un día las cosas comenzaron a salirle mal.
El primer aviso fue aquella inesperada manifestación masiva convocada por Juan Carlos Blumberg contra la inseguridad de la que ni él ni su esposa jamás se preocuparon. Después vino la valiente resistencia de los ruralistas contra el intento de aumentar abusivamente las retenciones, los cacerolazos en los centros urbanos, el rechazo popular al discurso enervante que planteaba el conflicto permanente y se negaba al diálogo negociador, y, finalmente, el demoledor voto no positivo del vicepresidente Cobos, una verdadera catástrofe.
Y a partir de ese traspié, una catarata de fiascos y frustraciones: el enfrentamiento con la Iglesia, que le costó el alejamiento de vastos sectores católicos; el conflicto con Uruguay, que terminó con una sentencia internacional contraria a la Argentina; la derrota electoral de 2008 con el oprobio de las listas testimoniales; la valija venezolana, las denuncias de Graciela Ocaña sobre la mafia de los medicamentos (mafia tolerada por el gobierno, por eso se tuvo que ir la ministra), la guerra contra el periodismo independiente que publicaba tapas, investigaciones, denuncias y opiniones que disgustaban al matrimonio, guerra que epilogó con el papelón increíble de la falsa denuncia contra la empresa Papel Prensa, y por último, la frustrada arremetida contra la Justicia “delivery”, los jueces “cautelares” y la Corte Suprema de Justicia (que había sido nombrada “para otra cosa”, según reconoció el Secretario Legal y Técnico de la presidencia), Corte Suprema cuyos dignos y probos ministros, a pesar de los insultos, las presiones y las amenazas, fallaron como tenían que fallar en tres causas fundamentales (tres puñaladas para el corazón sensible de Néstor): la extradición del terrorista chileno Apablaza, la reposición del procurador echado por Kirchner en Santa Cruz y la confirmación de la suspensión del artículo de “desinversión” de la Ley de Medios (hecho a medida para fulminar a Clarín).
A todo esto, las encuestas alambicadas de los analistas más complacientes le daban una caída libre en la intención de voto de la gente, le advertían la virtual imposibilidad de llegar al 40% en la primera vuelta en un proceso considerado irreversible, y por lo tanto la imposibilidad de la reelección de Cristina o la elección de Néstor en el 2011.
Scioli, oportunista y ventajero (pero no cobarde), lo culpó solapadamente de la inseguridad en la provincia haciendo trascender que tenía las manos atadas. “¿Quién le ata las manos, gobernador?”, bramó Kirchner fuera de sí en una tribuna mirándolo a Scioli con la cara contraída por el descontrol y la furia. Y esa afrenta le permitió al “sangre de horchata” dar señales de vaporosa independencia, poner condiciones a su asistencia al último acto en Santa Cruz y hasta admitir públicamente que podría ser candidato a presidente.
Varios intendentes se soliviantaron y algunos gobernadores se atrevieron a hablar “del futuro del Justicialismo” nada menos que con Duhalde.
Ahí Kirchner tuvo su anteúltimo episodio vascular.
Se produjo el asesinato del joven militante del PO, y cuando el gobierno intentó tirarle el muerto a Duhalde apareció en los odiados diarios la foto del presunto asesino abrazado con los ministros Boudou y Sileone, en una peña exclusiva y rigurosamente kirchnerista.
Pero mientras estas atroces derrotas se producían y debilitaban su menguante poder, los jueces federales movían parsimoniosamente los expedientes de incontables denuncias de corrupción que acorralan a los más cercanos colaboradores de los Kirchner.
Néstor sabía que cuando ya no estuviera en el poder tendría que afrontar serias consecuencias penales. No sólo él, también su esposa y posiblemente su hijo, que es el administrador de la fortuna familiar y como tal debe de saber mucho sobre el arte de comprar terrenos fiscales baratos y venderlos caros.
El horizonte se le puso muy negro, no tenía escapatoria. Por eso fantaseó con presentarse como candidato a gobernador por Santa Cruz, y dicen (esto no está probado aún) que había comenzado a urdir como última escapatoria un pacto de impunidad con Scioli a cambio de designarlo su heredero.
Cuando el ex presidente llegó a Calafate, ya se estaba muriendo. Su poder sin límites, sus proyectos hegemónicos, su “revolución” social, su “modelo” económico de acumulación y "distribución del ingreso", su capitalismo de amigos disfrazado de Justicia Social, todo, absolutamente todo, se estaba derrumbando.
Hasta la composición del Concejo de la Magistratura, que utilizó como amenaza contra algunos jueces vulnerables, cambiaría próximamente dejándolo sin el temible poder de veto.
Ya estaba muriendo, pero le faltaba el tiro de gracia.
Y se lo dio Moyano. El día anterior a su fallecimiento el camionero, exaltado porque también se sabe en peligro, habló con Kirchner por lo menos tres veces y le recriminó en duros términos haberle vaciado la reunión del Consejo Justicialista de la Provincia, a la que pegaron el faltazo los principales dirigentes aparentemente por orden de Kirchner. Claro, Kirchner también comprobó que Moyano era otro de sus terribles fracasos e intentaba esmerilarlo antes de que levantara demasiado vuelo. Pero ya era tarde.
Los que le cargaron a Moyano este sambenito (que le va a resultar difícil quitarse) aseguran que la discusión fue feroz: Moyano lo amenazó, le recordó que él era el dueño de la calle y que ya estaba harto de soportar sus maniobras arteras y su autoritarismo. A la mañana siguiente Kirchner estaba muerto.
No murió por patriota ni por ser un gladiador que dio su vida por sus ideales en beneficio del pueblo argentino. No fue un mártir, que prefirió la muerte antes que renunciar a sus convicciones, aunque mucha gente, en el marco de la necrofilia argentina, hoy así lo crea. Fue un ambicioso desmesurado de poder y de dinero, un político sin escrúpulos, sin ética, sin remordimientos, que usó la política y el poder en su propio beneficio. Y como suele ocurrir con todas las personas como él, que además están solas y aisladas porque desconfían hasta de sus sombras y no aceptan consejos ni opiniones que contradigan sus caprichos y sus locuras, un día la torre que edificó se le empezó a venir abajo.
Cuando Néstor tuvo la certeza de que el piso se le abría bajo sus pies y los de su familia, su corazón no lo soportó.
En síntesis: a Kirchner lo enfermó la seguidilla de fracasos sin retorno, y lo mató el miedo a las consecuencias penales que lo estaban acechando. Y fue Hugo Moyano quien tuvo el dudoso honor de darle el tiro de gracia.
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