miércoles, 30 de enero de 2013
FUE UNA GUERRA
En la sección Carta de Lectores de El Tribuno del 26/01/2013, Oscar Torres, Néstor González y demás firmantes me acusan de mentiroso y falaz por haber afirmado en este mismo diario (art.“Con Cuba: las cosas por su nombre”) que, durante la década del '70, en la Argentina, hubo una guerra. También, me invitan a debatir públicamente el tema. Al respecto, digo que acepto con todo gusto y que elijo esta columna y este prestigioso diario para contestar. Sostengo que “fue una guerra” por donde se la mire y que la negación que se hizo de ella es la mentira más grande jamás contada en la historia argentina.
La incorrección argumentativa de los firmantes se revela en que pretenden corroborar la supuesta veracidad de que “no fue una guerra” sirviéndose de la “falacia de la autoridad” y no recurriendo a los hechos mismos. En consecuencia, afirman que, “No fue una guerra”, porque así lo sentenciaron los jueces fulano y mengano que son los que saben. Pero, también en lo que se conoce como “El juicio a las Juntas” durante la presidencia de Raúl Alfonsín, los jueces sentenciaron de que “fue una guerra revolucionaria”. ¿Por qué se debe tomar como palabra santa los fallos de “los Oyarbide y compañía” y no la de los ex jueces Torlasco, Gil Lavedra, Arslanian, Valega Aráoz, Ledesma y D'Alessio. Si mañana un juez repite mil veces que “Evo Morales es rubio”; luego, Evo ¿es rubio? Yo diría que no porque la realidad, tozuda como ella sola, termina por imponerse. Y como lo mejor es que hablen los hechos y no las interpretaciones, pasemos a éstos.
a) A principios de la década del '70, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), por su lado, y la Organización peronista “Montoneros” crearon, con el objeto de tomar el poder a través del asalto por las armas e instaurar la dictadura del proletariado, el Ejército Revolucionario del Pueblo y el Ejército Montonero, respectivamente. Las declaraciones de guerra al gobierno constitucional, como así también el detalle de sus acciones bélicas, eran publicadas en sus revistas y en entrevistas que concedían a distintos medios. Con el encabezado de “Parte de Guerra”, se reivindicaban secuestros extorsivos, homicidios, ataque a cuarteles, toma de localidades, combates en el monte tucumano, “juicio” y ejecución de traidores, robos, cárceles del pueblo, etc. Poseían fábrica de armas, de explosivos y recibían apoyo de organizaciones armadas de izquierda de otros países (Tupamaros, el MIR chileno y la OLP de Yasser Arafat). El gobierno cubano de Fidel Castro les proveyó de apoyo logístico y entrenamiento militar. Ambas organizaciones, en forma expresa, anunciaron a los cuatro vientos que estaban en guerra y que dentro de ese contexto habría que explicar las decenas de miles de atentados a la vida y la propiedad que cometieron.
Hasta ahí, los hechos. Ahora bien, si estos son tan contundentes cabe preguntarse: ¿Por qué se pretende negarlos con una interpretación “tirada de los pelos”? Si “no fue una guerra”, ¿qué fue, entonces? Los soldados que matan en la guerra no son juzgados como asesinos; luego, si “no fue una guerra” todos los que participaron (incluidos, las autoridades democráticas que dieron la orden de defender el gobierno constitucional), eran asesinos. Las FFAA afirman que “fue una guerra”. Otros, allegados a ERP y Montoneros, sostienen lo contrario. Ahora bien, si no estaban en guerra, entonces, ¿por qué mataban? Siguiendo esta interpretación, es necesario concluir que lo hacían porque eran delincuentes comunes. Es decir, miserables y degenerados asesinos seriales que se organizaron para matar, robar, secuestrar y aterrorizar por pura perversión. Conocí a algunos del ERP que murieron en manos del Ejército y puedo atestiguar que eran buenas personas aunque totalmente turbadas por el fundamentalismo marxista. Estoy absolutamente persuadido que no les hubiese gustado (porque, es injusto) que se los recuerde como a abyectos criminales. Los sobrevivientes del ERP y Montoneros se consideran ¿criminales comunes o combatientes de una guerra?¿Por qué no le preguntan a ellos por qué mataban soldados, sindicalistas, empresarios, políticos, diplomáticos y ciudadanos de a pie?
Por último, dicen (los que firman la carta) que “no fue una guerra” y que los que afirman lo contrario (en este caso, yo) cometen “apología del delito”. Si no se piensa como nosotros, entonces, marche preso! Linda y valiente forma de debatir! (aunque... un poquitín totalitaria).
“Reclamo de vosotros y en nombre de vuestros principios, la libertad que os niego en nombre de los que me son propios”. Esta frase, atribuida a Luis Veuilliot, expresa a la perfección lo que la izquierda autoritaria ha ve nido realizando con los derechos humanos.
Mauricio Ortin
miércoles, 23 de enero de 2013
SERA JUSTICIA??
“Presos políticos”: CON LA FUERZA DE SUS HIJOS. Por Luz García Hamilton
Algo está cambiando en el país, o por lo menos en la provincia del azúcar, donde de pronto los familiares de imputados en el megajuicio por delitos que denominan “de lesa humanidad”, están defendiendo con la garra que caracteriza a los tucumanos, a sus papás, a sus abuelos, a las dos señoras imputadas, a Monseñor Mijalchyc, a sus amigos. Y es conmovedor ver ese motor que tienen chicos jóvenes para apoyar a sus papás, a quienes llaman “héroes”. Tienen remeras que dicen “Familiares de presos políticos” y las lucen con la cabeza en alto y con mucha dignidad. Los jueves y viernes, días en que son las audiencias en el Tribunal Oral Federal, dejan todo, trabajo, hijos, programas, para apostarse pacífica pero ruidosamente, en las puertas de la calle Chacabuco. El calor pegajoso de esta ciudad no los amilana y cuando llueve, no se mueven del lugar ni dejan de hacer tronar sus bombos.
Antes de las 8 de la mañana, ellos están ya ubicados detrás de la valla que los alejará de sus héroes. Alrededor de las 8.30, llega un viejo ómnibus que trae a los imputados desde el penal de Villa Urquiza como si fueran reos comunes. Pero no pierden su hidalguía ni su dignidad. Ellos suben uno a uno, algunos con mucha dificultad y ayudados por bastones, y se sientan cabizbajos y abrumados por la jornada non grata que les espera. Sin embargo sienten que el corazón empieza a latirles con fuerza cuando se acercan al TOF….y allí comienzan a escuchar los cánticos y las vivas de sus hijos, que les reconfortan el alma y que hacen que tanto dolor, sea compensando por el cariño de todos ellos.
Quienes como yo han tenido la oportunidad de observar y compartir de cerca este momento, no pueden dejar de conmoverse y asombrarse. Los hijos y las mujeres, como por arte de magia, empiezan a saltar y a levantar banderas argentinas, mientras megáfono en mano, cantan “oh le le, oh, la la, acá estamos sus hijos, los vamos a apoyar…”y el grito se hace ensordecedor…..ellos comienzan a bajar uno a uno y a buscar con la mirada a los suyos para devolverles una sonrisa, un gesto de alegría. Y parecen fuertes y unidos, se los ve enteros y aguerridos, y la pucha si están sufriendo este encierro en una cárcel de máxima seguridad, cuando NO TIENEN CONDENA!!!!, Después se entona el Himno Nacional, se canta el “Dios Salve a la Patria” y se reza la oración de los “presos políticos”, pidiendo por su libertad y por la concordia y la paz. Luego hay vivas a la Patria, al Ejército Argentino, a la Policía de Tucumán, a la Virgen de la Merced, a la Iglesia Católica y hasta al servicio Penitenciario Federal y aplausos para los abogados defensores que van ingresando al edificio.
La llegada de los Abogados por la Justicia y la Concordia:
Pegaba el sol en la capital tucumana cuando pasadas las 8 de la mañana aterrizaba el avión de LAN que traía a una delegación de Abogados, invitados especialmente por los familiares de presos políticos que no escatiman esfuerzos para apoyar a sus padres, para escuchar consejos, para difundir la verdad. Mariano Gradín, Eduardo Bieule, Oscar Vigliani y Ernesto García González desembarcaron y no descansaron un solo instante. Tuvieron entrevistas con importantes funcionarios judiciales y a la tarde fueron recibidos por Monseñor Zecca, Arzobispo de Tucumán a quien le manifestaron su preocupación por la situación en la que están los presos políticos en la cárcel de Tucumán. Todas las audiencias solicitadas les fueron concedidas, la única institución que prefirió no recibir a estos prestigiosos juristas fue el Colegio de Abogados de Tucumán y fue una verdadera pena.
A la siesta, con un calor agobiante propio de esta zona tropical, los cuatro abogados porteños, trajeados y formalmente vestidos, fueron a la cárcel de Villa Urquiza, para charlar con los imputados y conocer las condiciones en las que viven. QUEDARON ESPELUZNADOS. Dijeron que han recorrido casi todas las cárceles del país, donde hay presos por delitos de lesa humanidad o “presos políticos” pero que en ninguna provincia vieron tan malas condiciones para albergar a personas mayores de 60 años, algunas octogenarias, otros con enfermedades terminales. Entre los “alojados” en el pabellón de “máxima seguridad”, hay civiles, un Sacerdote y hasta dos señoras!!!!, algo que los dejó alarmados si bien el Presidente del Tribunal aclaró que duermen en una oficina o sala aparte. Son mujeres caramba!, qué hacen en un penal para varones cuando no han sido juzgadas?
¿Cómo viven?
Los presos políticos de la cárcel de Villa Urquiza de Tucumán tienen celdas individuales de aproximadamente 1 m. x 2 m, relataron, con techo de chapa que hierve con los casi 40° que se soportan en esta época, y tienen al lado de “la cama” si es que así puede llamarse a unos catres de mampostería, UNA LETRINA!!!, los abogados no lo podían creer!!!- Hay además en el penal un baño público o comunitario, pero es lejos y los ancianos no suelen llegar a tiempo….UN HORROR. Ni que hablar – dijeron a esta periodista y también al Obispo de Tucumán - de la alimentación del penal, que aseguran es pésima y no se ajusta para nada a las necesidades de personas de edad avanzada, con diabetes, con híper tensión arterial y otras yerbas. Sucede que ellos fueron quienes defendieron a la Patria de los embates del comunismo en aquella época y entonces para ellos los “Derechos humanos” de los que este gobierno se jacta, NO EXISTEN, mucho menos las leyes que se modifican a conveniencia. Pueden estar detenidos por tiempo indeterminado cuando no han sido juzgados, pueden haber sido indultados y hoy los vuelven a juzgar, pueden estar en cárceles inhumanas aunque tengan más de 70 años, pueden morirse incluso en cautiverio que poco importa a las autoridades, en fin, parecería que nadie los protege salvo estos hijos corajudos que han decidido ponerse de pie y exigir que se los respete.
Los Abogados de Justicia y Concordia, que por la noche dieron una conferencia, colmaron el salón del Hotel Carlos V para reclamar una Justicia independiente y fueron largamente aplaudidos en su exposición, dijeron textualmente, QUE LOS PRESOS POLÍTICOS SE VAN A MORIR porque NO PUEDEN RESISTIR EN ESAS CONDICIONES y rogaron en Tucumán que se contemple esta situación enviando a los mayores a prisión domiciliaria mientras dure este juicio que al parecer será eterno por la cantidad enorme de imputados y testigos. También rogaron a los militares que aprendan a defenderse y a apoyarse, y dijeron que sería muy lindo alguna vez, ver a militares uniformados asistir a apoyar a sus pares presos y la gente se puso de pie en señal de apoyo.
La mayor sorpresa.
Los abogados no cabían de su asombro cuando les contaron que los Fiscales que participan en el juicio oral que se realiza en Tucumán, al igual que lo que ocurre en otros puntos del país, NO TIENEN ACUERDO DEL SENADO como debería ser, sino que son Fiscales Ad Hoc….al parecer y según buenas fuentes, el Fiscal federal General debería ser quien ocupe el rol de Fiscal en el juicio de lesa humanidad, pero habría sido apartado hace un tiempo y dicen, arbitrariamente, se ha nombrado a otros funcionarios para que sean quienes investiguen y sean los fiscales….una tamaña irregularidad si realmente es así como aseguran e incluso los abogados defensores que están dejando el alma en esto, han planteado el tema por considerar que hasta podría dictarse la nulidad del proceso.
El cumpleaños del Padre Pepe
Monseñor Mijalchyc cumplió años el jueves, justo un día complicado por los testimonios que se escucharon. Sus fieles seguidores, que no dejan de estar presentes un solo día con enormes pancartas que apoyan al Sacerdote, colmaron las calles y llenaron de globos los alrededores. Cuando el Padre Pepe bajó del ómnibus ataviado en su traje de Obispo, en la calle se cantó el Feliz Cumpleaños a viva voz y el aplauso para el Padre fue ensordecedor.
Esa mañana coincidió con la visita de los Abogados de Justicia y Concordia quienes entusiasmados y sorprendidos con la manifestación popular, comenzaron a cantar con voz potente la marcha de “San Lorenzo” que acompañaron los presentes. Luego con rostros serios y preocupados, se sentaron en la primera fila de asientos de la Sala para escuchar los testimonios del “Perro Clemente”
Se acerca la Navidad
No vamos a hablar del juicio, ni de los testimonios, ni del Tribunal. No es el tema de hoy y preferimos creer o confiar en la Justicia y dejar eso para los expertos.
Me llevó a escribir esta nota, la emoción de escuchar y de ver a los familiares que estoicamente soportan altas temperaturas o lluvias torrenciales sin darse por vencidos, hasta que otra vez los imputados suben al viejo ómnibus tras largas e interminables horas de estar escuchando acusaciones. Otra vez los saludan a lo lejos con los brazos en alto, los ojos llenos de lágrimas, un nudo en la garganta y el pecho henchido de orgullo….allá van otra vez sus maridos, sus papás, sus abuelos, el Sacerdote, sus madres….porque repito, HASTA HAY DOS SEÑORAS IMPUTADAS!!!….y ellos suben al colectivo con la frente en alto, dando ánimos a sus familiares que en verdad son los héroes de cada jornada porque están allí dándoles fuerza y agitando banderas celestes y blancas a pesar del dolor que les atraviesa el alma.
Y ellos vuelven a la cárcel, a ese pabellón oscuro con ventanas mínimas y altas, BIEN DE CÁRCEL, a dormir en catres duros con olor a letrina, después de tomar una sopa aguada con dos panes, que suele ser la comida de la noche….ellos son oficiales de las FFAA y de Seguridad, a quienes se les ordenó combatir la guerrilla, dicen que fueron educados para la guerra, formados para defender a su país y que lo hicieron con esa convicción. Otros son civiles que trabajaban para el Ejército…han pasado casi 40 años, los años le pesan a la mayoría, es tiempo de unirnos, de aprender, de construir . No se puede analizar los hechos tan fuera del contexto de caos y revolución en el que vivíamos, son tiempos de pacificar y los jueces tienen acá una enorme responsabilidad.
Las mujeres, sus hijos, sus nietos, los fieles de la Parroquia del Padre Pepe, vuelven a sus casas, agotados, desolados, muchos temen que con este Gobierno la “suerte esté echada”. Insisten en que quieren la concordia en este país, en que respetan a las víctimas de ambas partes, que repudian la violencia en todas sus formas que solo quieren justicia y paz para todos. Y no pueden dormir. El fantasma de la cárcel aparece una y otra vez, se sienten perseguidos, marginados, doloridos. Quisieran confiar en la Justicia, pero no pueden. Imaginar a todos ellos allá encerrados en condiciones paupérrimas los destroza pero a la vez los fortalece, están dispuestos a dar batalla, PACIFICAMENTE POR SUPUESTO, para defender a los suyos, apoyarlos, acompañarlos. Sienten que las leyes benefician a unos y acorralan a otros, están convencidos de que así, no se construye la paz. Otros, los menos, ven una luz en la oscuridad y están convencidos que vienen vientos de cambio y que la Justicia demostrará su independencia e idoneidad.
Está llegando la Navidad. Qué van a hacer con los casi 40 detenidos en la cárcel de Villa Urquiza de Tucumán? Y con los cientos de presos políticos en diferentes cárceles del país?. Una gran mayoría no tiene sentencia firme, otros ni siquiera han sido juzgados, hay personas enfermas, de edad avanzada. No van a tomar los Jueces la decisión de PACIFICAR?, NO SIENTEN QUE SOBRE SUS ESPALDAS HAY UNA RESPONSABILIDAD ENORME?, NO VEN QUE EL PAÍS SE CAE A PEDAZOS? NO SE ATERRAN ANTE LOS DICHOS DE UNA PRESIDENTE QUE DICE QUE HAY JUECES QUE COBRAN??? QUE BARBARIDAD!!!!, NO VAN A DEFENDERSE LOS INTEGRANTES DEL PODER JUDICIAL???, NO SABEN QUE PRIMERO FUERON POR LAS FFAA, DESPUÉS POR LA IGLESIA, MÁS TARDE POR EL CAMPO, LUEGO NADA MÁS Y NADA MENOS QUE POR LA FAMILIA TRADICIONAL Y AHORA QUIEREN IR POR LA JUSTICIA???
Soñamos con una amnistía política para los militares y civiles que pelearon en la década del 70, de uno y otro lado, porque a casi cuatro décadas de la década nefasta en Argentina, necesitamos que haya CONCORDIA Y PAZ.
Pero hasta que este sueño se haga realidad, o en su defecto hasta que los presos políticos tengan sentencia firme, que paso adelante sería permitirles pasar las Fiestas con sus familias. Esas mujeres y esos hijos corajudos y leales merecen ese regalo de Noche Buena y poder esperar pacíficamente y en familia, el nacimiento del Niño Dios.
EN TUCUMÁN HOY LA TEMPERATURA TREPÓ A MÁS DE 40°. LOS PRESOS POLÍTICOS ALOJADOS EN VILLA URQUIZA SOLO TIENEN UN TECHO DE CHAPA QUE HIERVE. HAY DERECHOS HUMANOS PARA ELLOS??
Señores Jueces, que el Niño Dios nazca en sus corazones. En Tucumán los hijos y familiares de presos políticos les ruegan que les permitan pasar una Navidad en familia. Probablemente si ellos no hubiesen combatido a la guerrilla, hoy ninguno de ustedes estaría en sus funciones, y sus hijos probablemente vivirían en un país comunista. ESO NO SIGNIFICA AVALAR LA VIOLENCIA NI LA TORTURA NI LAS ABERRACIONES que uno y otro bando cometieron y que LOS ARGENTINOS DE BIEN REPUDIAMOS.
SOLO SIGNIFICA TENER VERDADERA MEMORIA y PEDIRLES QUE IMAGIENEN COMO HUBIESE SIDO LA ARGENTINA DEL SIGLO XXI SI EN EL AÑO 75 LA PRESIDENTE NO HUBIESE ORDENADO COMBATIR AL ENEMIGO-
Y CUANDO TENGAN VERDADERA MEMORIA, POR SUPUESTO, HARÁN VERDADERA JUSTICIA Y ENTONCES SI CELEBBRAREMOS LA LLEGADA DEL NIÑO DIOS EN CADA CORAZÓN Y EN CADA HOGAR.
DIOS LOS BENDIGA Y PERMITAMOS TODOS A ESTOS HIJOS QUE ESTÁN HACIENDO HISTORIA, PASAR UNA NAVIDAD EN PAZ
DIOS LOS BENDIGA
Luz García Hamilton
miércoles, 9 de enero de 2013
FRAGATA LIBERTAD
Oh, patria, al ver que tu destino entregas
A estúpidos mandones, me parece
Que de cólera el Plata se estremece,
Y pienso en los delirios de mi fé,
Que hasta las piedras de las calles sienten
Ira y vergüenza de que pisen ellos
Donde en los días de tu gloria, bellos,
Proceres y héroes han sentado el pie!
Ciudad de Mayo, que en un tiempo has sido
La joya de la América Latina,
Pueblo de Juan Chassaing y Adolfo Alsina,
No, tú no eres la que viendo estoy!
Tu brío se apago; tus ciudadanos
Tienen menos valor que tus mujeres,
Y una turba ruin de mercaderes,
Depositaria de tu suerte es hoy!
Comprendes el oprobio y lo soportas,
Envilecida estás y estás contenta!
Te han puesto debajo de la misma afrenta
Impávida gozando en tu abyección!
Yo, degradado en joven, soy tu imagen;
Pero así en tu desgracia, patria mía,
Yo te amo y tus ultrajes lavaría
Con sangre de mi propio corazón!
JOAQUIN CASTELLANOS (FRAGMENTO DE "EL BORRACHO")
martes, 27 de noviembre de 2012
COMUNICADO DE PRENSA
Comunicado de prensa de la agrupación denominada "Hijos y Nietos de Presos Políticos"
Queremos dejar aclarado que esta agrupación, que nuclea a hijos y nietos de presos de quienes son imputados por delitos de lesa humanidad, no pretende, en lo más mínimo, tergiversar ni desinformar.
Pretendemos mostrarle a la sociedad la realidad en la cual nos encontramos inmersos. Respetamos absolutamente el dolor de las víctimas, como así también el de sus familiares. De la misma forma, entendemos que nuestro dolor tampoco puede ser subestimado.
Comprendemos todos los años invertidos en la búsqueda de la verdad y el dolor que ello les ha generado. Sin embargo, esa razón no puede ser imputada como causal de persecución penal sin límite alguno.
Se insiste en el uso que esta agrupación hace del término "presos políticos". Nuestros familiares, hoy, SON PRESOS POLITICOS. Usamos esa expresión porque estos detenidos reciben un trato diferencial, y hasta muchas veces discriminatorio, con respecto a cualquier otro detenido.
A los mayores de 70 años se les debe otorgar, por ley, arresto domiciliario, para no comprometer su salud. Insistimos en que el principio de inocencia no es respetado.
Se es culpable desde el inicio de las causas. Se acusa y se decretan prisiones preventivas excediendo los dos años que marca el debido proceso, y hasta el límite del tercer año excepcional, sin tener pruebas de riesgo de fuga o de interferir
con la investigación.
Se juzga y se condena por el mero hecho de haber estado en un lugar y tiempo determinado y, en muchos casos, sin ni siquiera haber estado. Se rechazan sistemáticamente todas las presentaciones de las defensas. Muchos hijos han sido despedidos de sus trabajos por “portación de apellido”.
Muchos de los militares en actividad son dados de baja por visitar a los que están detenidos.
La reapertura de estas causas ha sido una decisión política, violando incluso la Constitución y los tratados internacionales para hacerlo. A su vez, ratificamos que son presos políticos desde el momento en que el Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Luis Lorenzetti, afirma que la prosecución de estos juicios son una política de Estado, en los cuales no hay vuelta atrás, demostrando la interferencia de los demás poderes con el Poder Judicial.
Además, las afirmaciones de este magistrado, implican un claro prejuzgamiento, teniendo en cuenta que en su tribunal es en la instancia en la cual quedarán firmes las condenas que se dicten en estos juicios.
Por otra parte, los derechos de los imputados, en cualquier causa penal, no se agotan en que el Estado brinde un abogado defensor. A su vez, tampoco habría que agradecerlo. No es un privilegio. Es lo que corresponde. Los imputados también deben estar amparados por los Derechos Humanos, como cualquier ciudadano del país.
La justicia que se reclama es un ideal muy elevado. ¿Qué es lo justo? Seguramente, lo que es justo para alguno de nosotros, sea injusto para el otro. Lo que sí debemos exigir es LEGALIDAD. Confiamos en que ese principio, que tanto le ha costado a la historia, sea la base y la motivación que guíe a los Señores Jueces del Tribunal Oral Federal de Tucumán
para llevar adelante este sexto juicio en la provincia y sirva, y sirvan ellos de ejemplo como magistrados, al resto de los tribunales federales del país.
Con lo que manifestamos, no queremos decir que estamos negando estos procesos o que pretendemos que no se realicen. Queremos que estos juicios sean un ejemplo de como las cosas pueden hacerse bien.
Que la historia, triste historia, no sea el único fundamento de la sentencia de nuestros padres. El pasado no lo podemos modificar. Intentemos un mejor hoy para forjar un futuro donde nosotros no tengamos que pertenecer a bandos antagónicos que lo único que genera es profundizar heridas del pasado, donde podamos confiar en las
instituciones de un Estado profundamente democrático y verdaderamente igualitario.
San Miguel de Tucumán, 23 de noviembre de 2012
domingo, 16 de septiembre de 2012
LIQUIDACION DE INVIERNO
LA CORTE CIERRA UN CASO CONTRA MONTONEROS
Declaró prescripta la opción de investigar
La Corte Suprema de Justicia consideró que está prescripta y definitivamente concluida la posibilidad que tiene el Estado de investigar un ataque que cometió la organización Montoneros a un edificio de la Policía Federal. El hecho ocurrió en julio de 1976, cuando una bomba estalló en el edificio de Coordinación Federal de la fuerza, ubicado en Moreno 1417.
El explosivo estalló a las 13.20 en el comedor del edificio y murieron 23 personas.
La medida beneficia a quien fue el jefe de esa organización, Mario Firmenich; al periodista Horacio Verbitsky, y a Laura Silvia Sofovich, Marcelo Kurlat, Miguel Angel Lauletta, Norberto Habegger y Lila Victoria Pastoriza, que habían sido acusados por el ataque.
El fallo lleva las firmas de los jueces Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte; Elena Highton de Nolasco; Juan Carlos Maqueda, y Raúl Zaffaroni, que se limitaron a declarar inadmisible el recurso presentado por las familias de las víctimas.
Todos los tribunales inferiores habían coincidido en considerar prescripto aquel hecho, con lo cual cerraron la investigación.
Los querellantes argumentaban que "un crimen de lesa humanidad es un ataque sistemático y organizado contra una población civil" y que en el Estatuto de Roma, que consagró internacionalmente el concepto, "no hay nada que exija que sólo el Estado puede cometer tales crímenes". Pero la Justicia rechazó ese criterio.
El recurso ante la Corte Suprema fue promovido por el abogado José María Sacheri. El alto tribunal, sin entrar a analizar el fondo, declaró inadmisible el recurso y dejó firme el fallo, con lo cual la Justicia no podrá volver a investigar este asunto.
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ARCHIVAN LA CAUSA RUCCI POR NO SER DELITO DE LESA HUMANIDAD
La Justicia entendió que el crimen fue cometido por Montoneros y no es imprescriptible
Por Hernán Cappiello | LA NACION
La Justicia concluyó que es altamente probable que el ex líder de la CGT José Ignacio Rucci haya sido asesinado por un grupo armado de la organización Montoneros, pero entendió que el homicidio no puede ser tipificado como de lesa humanidad y, por lo tanto, no es imprescriptible. En consecuencia, decidió archivar el expediente.
La decisión fue tomada por el juez federal Ariel Lijo, luego de que en 2008 reconoció a la diputada del peronismo disidente Claudia Rucci, hija del asesinado, como querellante.
La mujer incorporó nuevas pruebas en la investigación, reunidas en el libro del periodista Ceferino Reato, titulado Operación Traviata, que sostiene la idea de que Rucci fue ejecutado por Montoneros.
Lijo reabrió la causa -que ya había sido archivada tres veces- e investigó nuevamente el asesinato cometido el 25 de septiembre de 1973. Tras la nueva investigación, concluyó: "Por un lado, existen elementos que me permiten afirmar la sospecha de que en la decisión de llevar adelante el hecho participaron miembros de la agrupación Montoneros, como así también las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y, por otro lado, determinadas características comprobadas me llevan a afirmar que, en definitiva, pareciera ser que más que una autoría directa del crimen -o decisión de su ejecución- por parte de Montoneros se trató de una asunción estratégica de su materialidad".
El juez descartó en su fallo de 123 carillas la hipótesis de que el crimen de Rucci fue ejecutado y decidido por la Triple A, como surge en los primeros cuerpos del expediente.
Una vez que entre todas las hipótesis el juez estableció que la más firme, de acuerdo con sus investigaciones de los últimos cuatro años, es la de Montoneros, entendió que el tiempo transcurrido lleva a que el homicidio se encuentre prescripto.
En ese sentido, analizó las razones por las cuales no puede considerarse un crimen de lesa humanidad y, por lo tanto, imprescriptible. Entendió que si bien Montoneros tenía el objetivo de quedarse con el poder, y contaba con los medios para realizar las acciones, no tenía un dominio territorial para ser considerado un grupo estatal.
Lijo criticó la investigación de Reato al sostener que algunos datos no se corroboraron, como la existencia de un departamento de la avenida Juan B. Justo al 5700, usado como base de operaciones. "La investigación presentó varios puntos carentes de sustento fáctico, si de ella se pretende adquirir un valor epistémico que sirva a la investigación penal", escribió Lijo. Reato admitió que supo a último momento que el dato era falso, pero igual lo incluyó en el libro y no lo rectificó en su testimonial, le reprochó el juez.
El magistrado sostuvo que el crimen fue "exclusivamente político". Rucci fue asesinado de 25 balazos el 25 de septiembre de 1973, cuando salía de su vivienda de la avenida Avellaneda 2953, en Flores, y él y su custodia fueron atacados durante 15 minutos con armas de fuego y explosivos desde una casa vecina donde se infiltraron los autores.
El crimen fue conocido como Operación Traviata -una analogía con esa marca de galletita que tenía 23 agujeritos- y se enmarcó en la disputa que en aquella época tenían Juan Domingo Perón y Montoneros.
Mario Firmenich visitó el día del crimen la redacción de la revista El Descamisado, en la que asumió que el asesinato lo había cometido su organización. Además en las ediciones de junio y julio de 1975 de la revista Evita Montonera-Revista Oficial de Montoneros, se publicó que Rucci fue "ajusticiado" por esa organización por la matanza de Ezeiza, cuando regresó Perón al país.
El juez sostuvo que las constancias de la causa "parecieran indicar que la toma de decisión del asesinato fue dispuesta por unanimidad por los miembros de la Conducción Nacional de Montoneros, integrada por Firmenich, Roberto Quieto, Marcos Osatynsky, Fernando Vaca Narvaja, Horacio Mendizábal, Roberto Perdía, Rodolfo Galimberti, Norma Esther Arrostito, María Antonia Berger y Clemente Yager. Pero no encontró elementos para describir cómo bajó la orden, se planificó y ejecutó.
Sobre el planteo de la participación del gobierno bonaerense en la logística del asesinato, lo que justificaría la intervención estatal y que el caso sea visto desde otra óptica, Lijo señaló: "Las constancias obrantes en la causa no permiten acreditar la utilización de recursos estatales en la planificación del atentado". Para el juez, el crimen fue por el enfrentamiento de Montoneros con la "burocracia sindical", que la agrupación identificaba con el líder de la CGT.
LA HIJA ANTICIPÓ QUE VA A APELAR LA DECISIÓN
"Sentimos que el juez nos dijo: tienen razón, pero marche preso", afirmó la diputada Claudia Rucci al evaluar la resolución de Ariel Lijo. Anunció que van a apelar el archivo de la causa porque entienden que "hay suficientes elementos que confirman la participación en el crimen de por lo menos un área del Estado, en ese entonces a cargo de un dirigente de Montoneros. La organización era parte del gobierno. Estaba en el Estado. Cuando ocurrió este crimen en democracia, no eran un grupo clandestino".
La hija de Rucci dijo: " Vamos a continuar nuestro reclamo de justicia en las instancias nacionales e internacionales que nos queden, porque ningún crimen debe quedar impune"..
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El kirchnerismo festeja hoy el Día del Montonero
Organizaciones oficialistas recordarán en Hurlingham a Fernando Abal Medina; la izquierda realizará otro homenaje
Por Lucrecia Bullrich | LA NACIÓN
El kirchnerismo más puro le pondrá este año su sello al Día del Militante Montonero, con un acto al que convocó para hoy, a las 18, en la localidad bonaerense de Hurlingham. El homenaje no estará exento de polémica, ya que varias organizaciones de izquierda, enfrentadas con el Gobierno, realizarán en el mismo lugar, pero a las 14, su propia celebración.
En la esquina de las calles Villegas y Potosí, las organizaciones alineadas con la Casa Rosada recordarán a Fernando Abal Medina y a Gustavo Ramus, líderes de la organización guerrillera, que el 7 de septiembre de 1970 cayeron muertos allí, donde funcionaba el Bar La Rueda y hoy hay una farmacia, tras enfrentarse con la policía.
Del homenaje a los "caídos en combate", como se los describe en el afiche de la convocatoria, participarán el Movimiento Evita, de Emilio Pérsico (flamante subsecretario del Ministerio de Agricultura); la agrupación Kolina, que conduce la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner; la Tupac Amaru, de Milagro Sala; Nuevo Encuentro, el espacio de Martín Sabbatella, y la agrupación Negros de Mierda (NDM), de estrecho vínculo con La Cámpora, entre otras.
Como ocurre ya con otras actividades y celebraciones relacionadas con los derechos humanos y el pasado reciente, el homenaje kirchnerista no será el único.
A las 14, en la misma esquina de Hurlingham, a metros de la estación de trenes de William Morris, recordarán a los dirigentes montoneros el Movimiento Teresa Rodríguez (MTR), Organizaciones Libres del Pueblo (OLP), el Movimiento Peronista Auténtico (MPA) y Quebracho, entre otras agrupaciones de izquierda.
"Los actos no se contradicen, se complementan. No tenemos ningún problema en cruzarnos. Son todos compañeros", buscó minimizar Fernando Esteche, líder de Quebracho, en diálogo con LA NACION. Sin embargo, enseguida planteó que el kirchnerismo "ha incurrido en contradicciones importantes" y "está en una sintonía política de dinámica proselitista" que su agrupación no comparte.
Más directo, Adrián Eslaiman, concejal de Hurlingham por Nuevo Encuentro, admitió que el acto en el que estará su partido "es el de las organizaciones del campo nacional y popular que están más en sintonía con el proyecto que lidera Cristina Kirchner", aunque también intentó mostrarse conciliador. "No tenemos problema con las otras organizaciones y tranquilamente podríamos participar de los dos homenajes", dijo.
También cerca de Pérsico negaron que exista tensión. "No hay inconvenientes. Incluso, vamos a mandar nuestros saludos al otro acto", afirmaron.
Abal Medina (tío de Juan Manuel, el actual jefe de Gabinete) y Ramus, además de Mario Firmenich, entre otros dirigentes de Montoneros, estuvieron al frente del operativo de secuestro de Pedro Eugenio Aramburu, el 29 de mayo de 1970. La estancia de la localidad de Carlos Tejedor en la que el ex presidente de facto estuvo cautivo y fue asesinado pertenecía a la familia Ramus.
Considerados tanto por kirchneristas como por no kirchneristas, "arquetipos del mártir montonero", Abal Medina y Ramus tendrán hoy su homenaje. Y por partida doble.
domingo, 13 de mayo de 2012
EDITORIAL DE LA NACION
Valioso debate por la verdad completa y la concordia
Reconocer los errores y crímenes cometidos por los sectores en lucha durante el Proceso contribuirá a superar odios y divisiones
Convocados por la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, participaron el lunes pasado de un panel seis personas con actuaciones antagónicas o diferentes, relacionadas con la violencia de la década del setenta. En la mesa se sentaron dos ex guerrilleros, uno del ERP, Jorge Masetti; otro de Montoneros, Luis Labraña; dos militares que participaron en la lucha antisubversiva, Emilio Nanni y Rodolfo Ritcher; una hija de desaparecidos, Eva Donda, y otra de un militar secuestrado durante el copamiento del cuartel de Azul y muerto por el ERP, Silvia Ibárzabal.
El debate fue seguido por más de 600 asistentes en la sala Borges de la Feria del Libro. Hubo opinión coincidente entre los panelistas así como entre los asistentes de que el debate fue un aporte positivo al reconocimiento de la verdad, y de los errores y crímenes cometidos de ambos lados. Todos coincidieron en que así se contribuye a encontrar los espacios para la concordia y para superar odios y divisiones que atan a un pasado y que impiden el esfuerzo común que el futuro reclama.
Los dos ex guerrilleros expresaron con franqueza que habían tomado las armas para matar o morir y que su objetivo era llevar la revolución al poder. Les era indistinto tanto enfrentar a un gobierno de facto como a uno constitucional. En su momento, ellos justificaron la violencia contra las personas y las instituciones en pos de instaurar una dictadura marxista en la Argentina. El modelo cubano estaba en la conducción y en el propósito de aquella lucha. De hecho, Masetti, hijo de un famoso guerrillero de los sesenta, había sido criado en Cuba y desde los servicios de inteligencia de Fidel Castro planificaba y daba apoyo a los movimientos guerrilleros latinoamericanos. Desde allí participó en el apoyo militar a la guerra angoleña y también desde allí fue enviado al ERP en la Argentina. Sus palabras no dejaron lugar a dudas del carácter de aquella guerra revolucionaria, con ejércitos organizados y apoyados desde el exterior que atacaron al Estado argentino.
Los militares del panel mostraban sobre sus propios cuerpos el saldo de su participación en la lucha. En ambos casos fueron heridos en enfrentamientos abiertos, uno en la selva tucumana, el otro en la defensa de La Tablada. Por esos hechos deben enorgullecerse y así lo expresaron; no obstante, asumieron en sus reflexiones los crímenes de la guerra en el otro frente: el de la clandestinidad y el de las desapariciones. Así como el ejército argentino se enfrentó valientemente respetando las reglas de la guerra cuando el oponente tomó la forma de la guerrilla rural o atacó unidades militares, también se encontró con un conflicto diametralmente distinto frente al terrorismo urbano. Fue el desborde de las organizaciones armadas en este tipo de teatro de operaciones lo que llevó al extremo su desafío en contra del Estado y de la sociedad. Esto motivó en 1975 la convocatoria de un presidente constitucional a las Fuerzas Armadas para asumir la defensa que esa sociedad reclamaba. Pero el método elegido para responder a aquel clamor no fue el que correspondía. La represión fuera de la ley no puede justificarse alegando su legitimidad porque se actuó en defensa de las instituciones, ni por la efectividad y rapidez buscada en los resultados, ni por el carácter clandestino del atacante. Tampoco alcanza la excusa del antecedente fallido de la Cámara Federal en lo Penal, desmantelada por un gobierno constitucional asociado a la guerrilla y con el lamentable acompañamiento de buena parte de la clase política.
La acción del Estado y sus fuerzas armadas nunca debió apartarse de la ley, o en su caso de los códigos de justicia militar. Las recientes revelaciones de Jorge Rafael Videla sobre la metodología aplicada y sus razones sólo dejan espacio para el más absoluto rechazo, aunque tal vez puedan contribuir a que toda la verdad emerja a la superficie y a partir de allí ambos bandos hagan reconocimiento pleno de sus culpas, y se avance hacia la concordia.
Los militares participantes en el panel defendieron con fundamento la acción de las Fuerzas Armadas, aunque también reconocieron los errores cometidos y se lamentaron por ellos. Quedó claro para todos los panelistas que no cabe la aplicación de la justicia a sólo uno de los bandos de aquella guerra. Se dijo que esto suena a venganza más que a justicia y que de esta destructiva confrontación no se sale con una justicia asimétrica, apoyada en la declaración de imprescriptibilidad y de lesa humanidad sólo para los crímenes de la represión.
Las exposiciones de Masetti y de Labraña dejaron en claro el carácter internacional y organizado de las fuerzas irregulares atacantes a las que pertenecían. Esto deja fuera de toda duda, de acuerdo con la jurisprudencia internacional, que les alcanza también la tipificación de crímenes de lesa humanidad. Las alternativas hacia adelante son: darle la simetría faltante a la persecución judicial extendiéndola a los ex guerrilleros y de esa forma seguir revisando el pasado, o superarlo y mirar hacia adelante. El camino sugerido por los panelistas fue el de la superación. Las palabras finales de Labraña fueron: "O trabajamos todos juntos o desaparecemos como sociedad"..
martes, 20 de marzo de 2012
La militancia
La militancia
Por Rolando Hanglin | Para LA NACION
Cuando oigo hablar de "La Militancia" en tono heroico, recuerdo mis catorce años, y las circunstancias en que escuché esa palabra por primera vez.
Me encontraba en segundo año del Colegio Nacional de Buenos Aires.
El primer año había sido de deslumbramiento: como chico chico provinciano de Ramos Mejía, me encontraba ante caras, situaciones, códigos, personalidades, completamente desconocidos. Fui buscando mi lugar en ese nuevo contexto: un colegio histórico, más antiguo que el país donde yo había nacido, y prestigiado por el hecho de que numerosos próceres, presidentes, gobernadores, ministros, escritores, científicos, habían estudiado en ese mismo Colegio, con sus legendarios seis años de Latín.
La nómina de ex-alumnos y su figuración histórica era completamente abrumadora, para nosotros, que dimos el peliagudo examen de ingreso siendo chiquilines de doce años. Manuel Belgrano, Carlos Pellegrini, Carlos Saavedra Lamas, Marcelo Torcuato de Alvear, Bernardo Houssay, Agustin P. Justo, Angel Gallardo, Aristóbulo del Valle, Carlos Ibarguren, Guillermo Rawson, Jorge Taiana. José Nicolás Matienzo, Nicasio Oroño, Roque Saenz Peña. Hoy podrían agregarse otros nombres, tal vez más explosivos: Carlos Corach, Mario Firmenich, Gustavo Ramus, Martín Lousteau.
Mi lugar en el mundo vino a ser, en principio, el equipo de fútbol de la séptima división.
Tal vez este relato sirva para significar lo que la Militancia es, y lo que no es
Pero, en segundo año, conocí a un grupo de alumnos que me fascinó. Pertenecían al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR Praxis) encabezado por un profesor universitario, llamado Silvio Frondizi, hermano del entonces presidente de la Nación. Mis nuevos amigos me llevaron a presenciar las charlas del profesor, a quien llamaban simplemente Silvio, o "El Viejo".
Las salas de conferencias, en la Universidad de Buenos Aires, estaban abarrotadas de jóvenes intelectuales. Frondizi, un digno caballero a la antigua, disertaba con gran estilo sobre la época por venir: la Globalización, que él venía pronosticando desde 1950 con el nombre de Integración Mundial del Capitalismo.
Me fui alejando de mis compañeros futbolistas e hice lo imposible para que estos nuevos amigos me aceptaran.
Al cabo de algunos meses, mi nueva pandilla y yo habíamos adoptado el hábito de "naufragar", es decir reunirnos durante toda una noche y permanecer sin dormir hasta las siete -hora de ir al colegio- lo cual nos parecía una arriesgada forma de libertad, con algo de clandestino y rebelde. Charlábamos horas y horas, sin parar, para conocer a fondo nuestras almas. No había alcohol, ni drogas, ni sexo: sólo conversación entre adolescentes varones.
Gracias a aquel grupo de cuatro mocosos, yo conocí la Militancia y formé parte de ella.
El Movimiento tenía una estructura interna que yo desconocía, ya que estaba compuesto por células independientes entre sí, al modo trotskista. Cada uno debía elegir su "nom de guerre", que siempre era una sola palabra, fácil de memorizar y esencialmente española. Por ejemplo: "Cuevas", "Bilbao" u "Omar".
Nosotros éramos "cuadros". No afiliados, no simpatizantes, no partidarios de una cierta tendencia política. No: cuadros
Los afiliados a este grupo ultra-secreto pertenecíamos a dos categorías. Uno era "activista" al ingresar y luego, con más experiencia, lo ascendían a "militante". Entre "El Viejo" y los "militantes" flotaba un grupo joven, de talento indiscutido, llamado "El Equipo Móvil".
En aquel entonces, es decir 1960, no existía la insurgencia armada. Yo nunca tuve un arma, y mis amigos tampoco. Éramos estudiantes secundarios. La guerrilla todavía no había echado raíces en la Argentina. Pero soñábamos con una gloriosa Revolución, realizada por auténticos Obreros como los que dibujaba el artista Carpani, musculosos y de facciones indígenas. Nunca pasó por nuestras cabezas la idea de que una verdadera revolución social se iniciaría con el fusilamiento de nuestros propios padres, que eran destacados miembros de la burguesía comercial, profesional, industrial y agropecuaria.
En el fondo, no pensábamos que aquella cosa pudiera suceder, pero vivíamos en un mundo inofensivo de fantasías heroicas.
Nosotros éramos "cuadros". No afiliados, no simpatizantes, no partidarios de una cierta tendencia política. No: cuadros. Cada uno de nosotros debía ser una encarnación del Hombre Total. Conversábamos en una jerga extraña, mezcla de marxismo, existencialismo y psicoanálisis, con gotas de Erich Fromm y Franz Fanon. Naturalmente, Fidel Castro y Ernesto Guevara eran nuestros ídolos. Concurríamos cada viernes al cine "Lorraine" de la calle Corrientes, donde daban filmes de Akira Kurosawa y otros genios ininteligibles.
Para ser un Hombre Total (en embrión) había que cumplir varios requisitos.
Primero: uno debía formar pareja. No se trataba de tener novia, ya que "novia" era una palabra burguesa y retrógrada, signo de un ridículo minuet que conducía al repulsivo matrimonio. Tener pareja, o sea mantener una relación de pareja, equivalía a hacer el amor. Por ese motivo, todos nosotros nos las ingeniamos para apalabrar a alguna chiquilina de 14 años, de modo que se acostara con nosotros en algún sitio oculto (corría el año 60) cuando teníamos apenas 16.
Segundo mandamiento: el Hombre Total debía hacer terapia para "resolver sus contradicciones". Por eso todos los muchachos íbamos al psicoanalista, a la terapia de grupo, incluso a las sesiones de ácido lisérgico. Era imprescindible someterse a una terapia. Yo concurrí a muchos psicólogos de variada escuela, para desconcierto y angustia de mis padres: "¿Qué tenés, qué te pasa?" preguntaban. Yo deambulaba de uno a otro licenciado, siempre aburrido y sin saber qué decir.
Tercer Mandamiento: el militante debía "militar". Es decir: desarrollar una actividad concreta a favor de la causa, en el marco de una organización y a las órdenes de una autoridad "correcta" y con la necesaria "jerarquía". Estas palabras, pronunciadas con solemnidad, nos aceleraban el corazón. Uno podía militar en el frente "barrial" o en el frente "estudiantil", o incluso en un frente "internacional". Pero lo más glorioso y auténtico era militar en el frente obrero. Entre los trabajadores de piel oscura, llenos de odio y de vida. Ese era "el lugar" adecuado para militar.
Naturalmente, yo también lo hice. Entré a "militar" en un frente "obrero" llamado Villa Insuperable. No era exactamente una villa miseria, sino una barriada humilde. Por ejemplo, las calles estaban correctamente delineadas, y algunas con asfalto. En determinado momento, iniciamos un trabajo denominado "entrismo", que consistía en acudir como "militantes sociales" para sumarnos, un poco misteriosamente, a las sociedades de fomento y otras organizaciones populares. En nuestro caso, participamos de un Movimiento Pro Agua y Luz en la Villa.
No recuerdo el cómo ni el cuándo. Se nos dio la consigna de visitar a los vecinos para convocarlos a una manifestación popular, reclamando servicios sanitarios y eléctricos. Casa por casa, golpeábamos las palmas en reclamo de algún criollo que aceptara ser adoctrinado. Esto se hacía siempre los domingos, para encontrar al jefe de familia. Además, nosotros íbamos al colegio de lunes a viernes.
Salía a la puerta, pues, un señor Palma, o Santillán, o Gauna, o Aguirre, o Hidalgo. Le mostrábamos el panfleto, le explicábamos lo apremiante de la situación y lo incitábamos a concurrir a la manifestación, con saña, con rabia, con indignación. El criollo nos miraba y prometía: "Sí, mi amigo, cuenten nomás con un servidor, yo voy a ir.."
Fatigamos aquellas calles grises y nos embarramos los zapatitos Gomycuer durante muchos fines de semana, robándole horas al estudio, a la compañera o al tenis. En nuestros delirios preliminares, disponíamos de 80 manifestantes aguerridos, incluso armados hasta los dientes. Descontando aquellos veinte que pudieran encontrarse borrachos en el momento del asunto, y otros diez con problemas personales, como una gripe o una hija violada, estábamos convencidos de contar con cincuenta obreros, a cual más negro y explotado. Así lo comunicamos a nuestro "militante", que procedió a alquilar un camión. Se trataba, más bien, de un viejo Rastrojero. Pero, en nuestros sueños, imaginábamos un verdadero Scania colmado de fervorosos obreros peronistas, y nosotros mezclados entre ellos. Con banderas y palos amenazantes.
Llegó el día del Acto. Un sábado. El Rastrojero pasó a buscarnos por Plaza Once y marchamos hacia Villa Insuperable, que estaba por el lado de La Matanza. Cuando fue la hora señalada (16:00) sumábamos siete personas en la caja de la furgoneta: seis estudiantes del Nacional y un marinero paraguayo, afiliado al Partido Comunista, posiblemente equivocado de citación, que se había trepado muy serio, con su mejor traje, camisa blanca y corbata al tono.
¡Qué desilusiones nos daba el proletariado!
En otra ocasión, logramos reunir a un buen grupo de vecinos en una casa de barrio. No se trataba del estadio clamoroso que nosotros soñábamos, ni un descampado miserable, ni un socavón entre las chozas, no. Sencillamente, una casa de barrio, donde la patrona había acomodado cerca de veinte sillas. Y allí se manían, un toco tiesos, unos cuantos vecinos, dispuestos a reclamar, con bastante furia, el agua y la luz que el país no les daba. Infiltrados entre ellos, nos encontrábamos nosotros, los militantes y activistas, dispuestos a captar cualquier contradicción para "profundizarla" y elevar el nivel de conciencia, hasta generar una auténtica .¡Conciencia de clase!.
Uno de los vecinos se puso de pie y dijo su breve discurso. Era don Nicola, un inmigrante recién llegado de la Calabria, que necesitaba más luz y mejor agua para su verdulería. El hombre habló con energía, los mofletes inflamados: "Il siñore Segba.¿Qué se pensa que siamo noialtri? ¿Siamo basura, siamo un pezzo di merda? ¡Ma non, siñore Segba, siamo seres humano!".
Alarmado, comenté al oído de mi compañero activista: "Este tano no tiene ni idea, cree que Segba es un señor." Obviamente, don Nicola se refería a los Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires. Segba.
- No tiene importancia, compañero. Es un militante de base. No tiene jerarquía, pero milita desde su lugar.
Así comencé a captar la idea: "Militante de Base". Nada que ver con un "cuadro".
Un día se nos dijo, en nuestras reuniones de catecúmenos, que el Movimiento estaba a punto de "sacar un Documento". Transcurrieron semanas, y luego meses. Cada tanto, nos preguntábamos:
- Che.¿Qué pasa con el documento?
- Lo están elaborando. Parece que va a tener mucha jerarquía.
- Ah, bueno.
Finalmente, se nos hizo llegar el Documento. Era un llamamiento político de dos carillas. Se imprimió con gran esfuerzo en los mimeógrafos y las simulcop de aquel entonces.
Un día, entré a mi casa (en Galileo y Copérnico, dentro del barrio llamado La Isla, Palermo Chico) con grandes paquetes de volantes.
Mis padres estaban de viaje, en Europa. La Tía Cándida se encontraba a cargo de mi persona y la de mis hermanas.
-¿Qué son esos papeles?- preguntó.
-Nada, cosas del Movimiento- respondí.
-¡Otro número! Espero que no me saques canas verdes- concluyó mi tía Cándida.
Llegó el viernes a la noche y nos reunimos, en el hall de la terminal ferroviaria Retiro, cuatro activistas y un militante: sin hablar, nos repartimos las resmas de impresos. Cada uno se dirigió a un rincón diferente del inmenso salón, donde miles de personas discurrían apuradas, en busca de su tren a los suburbios.
Yo envolví el fajo de panfletos en el brazo izquierdo, respiré hondo, tomé un volante y me dirigí al primer individuo que se me cruzó.
-Oiga señor, estamos distribuyendo este llamado a la revolución.
El tipo me miraba con impaciencia. No llegó a responder. Una mano firme me tomó del brazo. Dí la vuelta y me encontré con el rostro cansado de un viejo oficial.
-Policía Ferroviaria, acompáñeme- murmuró, mostrando una credencial.
Y así caímos presos en la Terminal de Retiro-Mitre. Los cinco "cuadros".
En aquella comisaría, había algunas prostitutas, algunos borrachos y otros seres oscuros que posiblemente fueran delincuentes en serio (¡no revolucionarios!) de modo que el comisario tuvo la bondad de sentarnos en la sala de espera. Lógico: éramos niños de familia educada, y menores de edad.
Me pidieron el número de mi casa. Llamaron a la Tía Cándida. Luego supe que, asustada, la tía había arrojado todas las copias del Documento por el incinerador. Así destruyó un esfuerzo de propaganda inédito, y retrasó la revolución socialista varios años.
Como mis viejos estaban de viaje, la tía no encontró mejor recurso que llamar a un amigo de mi padre, el empresario Pastor Oscar Magdalena, quien acudió a la comisaría y le preguntó al jefe: "¿Cuántos tractores hay que dejar a cambio de estos rehenes?".
-Nada, señor, lléveselos.
El chiste de Magdalena venía a cuento de que, en aquel entonces, después de la invasión a Bahía de los Cochinos, Fidel Castro exigía a los americanos un tractor por cada prisionero que devolviera al imperialismo yanqui.
En fin. Todo bastante cómico.
Aquella fue la época en que yo escuché hablar, por primera vez, de cuadros, militancia, activistas, jerarquía, contradicciones y ese tipo de cosas.
Diez años después, la vida había pegado un salto mortal.
Mi padre se había suicidado. El gran piso de Galileo y Copérnico se vendió.
Los activistas y militantes pertenecían a nuevas organizaciones, en cuyo seno se habían fusionado los católicos tercermundistas, los nazifascistas de Tacuara y la GRN, los comunistas, los social-cristianos, los "troskos", y muchos jovencitos que acudían en procura de "algo nuevo", convocados por el asesinato del ex-presidente Pedro Eugenio Aramburu.
Así es: la violencia excita. La agresión contagia.
El sentido del humor y el amor por la libertad empezaban a extinguirse. Todo transcurría en secreto, con armas, con explosivos, con una pasión por la aventura que clausuró todas las opiniones dubitativas. La idea no era pensar, sino obedecer, combatir, matar, morir. Y todos aquellos jóvenes se volcaban a la acción del brazo de su "compañera", muchos con hijos chicos. Por eso, a partir de 1976, cualquier parejita joven, con niños, a bordo de un Citröen, era altamente sospechosa.
De tanto "militar", llegaron los militares.
De más está decir que Silvio Frondizi, el digno profesor, fue asesinado. Alguien muy enterado, al ver mi congoja por la muerte de aquel hombre, me dijo al oído que, en las organizaciones terroristas, ostentaba el grado de "coronel". Nunca lo creí. Silvio no era así.
En fin, todo este capítulo lo ví desde muy lejos: tenía una casa en Sitges, sobre el Mediterráneo, y una familia con dos hijos. Me importaba traducir un mínimo mensual de quinientas cuartillas, del inglés o francés al castellano, a razón de 100 pesetas la cuartilla, para pagar la olla de judías y la damajuana de vino tempranillo, que era -en aquel entonces y en aquel bendito país- más barato que el agua.
Así fue como pasó el 60 y llegó el 70.
Por esas cosas del destino, mi carrera en "La Militancia" empezó a los 14 años y terminó a los 17, antes de que estallara la violencia. Supongo que, de no pegar este viraje, yo habría terminado donde tantos otros, que no se sabe dónde terminaron.
Quiero dedicar este artículo a todos mis condiscípulos del Buenos Aires: Mario Mactas, Juan Manuel y Fernando Abal Medina, Pablo Gerchunoff, Néstor Luis Lynch, Carlos Mario "Tacho" Adano, Charly Frondizi, Mariano Garreta, Carlos Chaneton, Carlos Fernández Ortiz de Rosas, Luis Stuhlman, Luis Aznar, Guillermo Ondarts, Adolfo Cambiaso, el Gordo Richaud, el Flaco Alba, Alberto Diez, Carlitos Stefani, Alejandro Biderman, Jorge Laverne, Rubén Caletti, Pascual Albanese, Carlos Tarsitano, Jorge Lewinger, Hugo Ferdman, José Eliaschev, Raúl Scari, Luis María Bandieri, las hermanas Eva y Marcela Zylverberg, Irene Israelit, Gustavo Ruprecht , Graciela Schwartz, Hugo Esteva, Felipe Solá, y muchos otros que en este momento no recuerdo.
Todos nosotros vimos de cerca cómo aquella cosa nacía y se desarrollaba, hasta convertirse en un matadero inexplicable.
Tal vez este relato sirva para significar lo que la Militancia es, y lo que no es..
Por Rolando Hanglin | Para LA NACION
Cuando oigo hablar de "La Militancia" en tono heroico, recuerdo mis catorce años, y las circunstancias en que escuché esa palabra por primera vez.
Me encontraba en segundo año del Colegio Nacional de Buenos Aires.
El primer año había sido de deslumbramiento: como chico chico provinciano de Ramos Mejía, me encontraba ante caras, situaciones, códigos, personalidades, completamente desconocidos. Fui buscando mi lugar en ese nuevo contexto: un colegio histórico, más antiguo que el país donde yo había nacido, y prestigiado por el hecho de que numerosos próceres, presidentes, gobernadores, ministros, escritores, científicos, habían estudiado en ese mismo Colegio, con sus legendarios seis años de Latín.
La nómina de ex-alumnos y su figuración histórica era completamente abrumadora, para nosotros, que dimos el peliagudo examen de ingreso siendo chiquilines de doce años. Manuel Belgrano, Carlos Pellegrini, Carlos Saavedra Lamas, Marcelo Torcuato de Alvear, Bernardo Houssay, Agustin P. Justo, Angel Gallardo, Aristóbulo del Valle, Carlos Ibarguren, Guillermo Rawson, Jorge Taiana. José Nicolás Matienzo, Nicasio Oroño, Roque Saenz Peña. Hoy podrían agregarse otros nombres, tal vez más explosivos: Carlos Corach, Mario Firmenich, Gustavo Ramus, Martín Lousteau.
Mi lugar en el mundo vino a ser, en principio, el equipo de fútbol de la séptima división.
Tal vez este relato sirva para significar lo que la Militancia es, y lo que no es
Pero, en segundo año, conocí a un grupo de alumnos que me fascinó. Pertenecían al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR Praxis) encabezado por un profesor universitario, llamado Silvio Frondizi, hermano del entonces presidente de la Nación. Mis nuevos amigos me llevaron a presenciar las charlas del profesor, a quien llamaban simplemente Silvio, o "El Viejo".
Las salas de conferencias, en la Universidad de Buenos Aires, estaban abarrotadas de jóvenes intelectuales. Frondizi, un digno caballero a la antigua, disertaba con gran estilo sobre la época por venir: la Globalización, que él venía pronosticando desde 1950 con el nombre de Integración Mundial del Capitalismo.
Me fui alejando de mis compañeros futbolistas e hice lo imposible para que estos nuevos amigos me aceptaran.
Al cabo de algunos meses, mi nueva pandilla y yo habíamos adoptado el hábito de "naufragar", es decir reunirnos durante toda una noche y permanecer sin dormir hasta las siete -hora de ir al colegio- lo cual nos parecía una arriesgada forma de libertad, con algo de clandestino y rebelde. Charlábamos horas y horas, sin parar, para conocer a fondo nuestras almas. No había alcohol, ni drogas, ni sexo: sólo conversación entre adolescentes varones.
Gracias a aquel grupo de cuatro mocosos, yo conocí la Militancia y formé parte de ella.
El Movimiento tenía una estructura interna que yo desconocía, ya que estaba compuesto por células independientes entre sí, al modo trotskista. Cada uno debía elegir su "nom de guerre", que siempre era una sola palabra, fácil de memorizar y esencialmente española. Por ejemplo: "Cuevas", "Bilbao" u "Omar".
Nosotros éramos "cuadros". No afiliados, no simpatizantes, no partidarios de una cierta tendencia política. No: cuadros
Los afiliados a este grupo ultra-secreto pertenecíamos a dos categorías. Uno era "activista" al ingresar y luego, con más experiencia, lo ascendían a "militante". Entre "El Viejo" y los "militantes" flotaba un grupo joven, de talento indiscutido, llamado "El Equipo Móvil".
En aquel entonces, es decir 1960, no existía la insurgencia armada. Yo nunca tuve un arma, y mis amigos tampoco. Éramos estudiantes secundarios. La guerrilla todavía no había echado raíces en la Argentina. Pero soñábamos con una gloriosa Revolución, realizada por auténticos Obreros como los que dibujaba el artista Carpani, musculosos y de facciones indígenas. Nunca pasó por nuestras cabezas la idea de que una verdadera revolución social se iniciaría con el fusilamiento de nuestros propios padres, que eran destacados miembros de la burguesía comercial, profesional, industrial y agropecuaria.
En el fondo, no pensábamos que aquella cosa pudiera suceder, pero vivíamos en un mundo inofensivo de fantasías heroicas.
Nosotros éramos "cuadros". No afiliados, no simpatizantes, no partidarios de una cierta tendencia política. No: cuadros. Cada uno de nosotros debía ser una encarnación del Hombre Total. Conversábamos en una jerga extraña, mezcla de marxismo, existencialismo y psicoanálisis, con gotas de Erich Fromm y Franz Fanon. Naturalmente, Fidel Castro y Ernesto Guevara eran nuestros ídolos. Concurríamos cada viernes al cine "Lorraine" de la calle Corrientes, donde daban filmes de Akira Kurosawa y otros genios ininteligibles.
Para ser un Hombre Total (en embrión) había que cumplir varios requisitos.
Primero: uno debía formar pareja. No se trataba de tener novia, ya que "novia" era una palabra burguesa y retrógrada, signo de un ridículo minuet que conducía al repulsivo matrimonio. Tener pareja, o sea mantener una relación de pareja, equivalía a hacer el amor. Por ese motivo, todos nosotros nos las ingeniamos para apalabrar a alguna chiquilina de 14 años, de modo que se acostara con nosotros en algún sitio oculto (corría el año 60) cuando teníamos apenas 16.
Segundo mandamiento: el Hombre Total debía hacer terapia para "resolver sus contradicciones". Por eso todos los muchachos íbamos al psicoanalista, a la terapia de grupo, incluso a las sesiones de ácido lisérgico. Era imprescindible someterse a una terapia. Yo concurrí a muchos psicólogos de variada escuela, para desconcierto y angustia de mis padres: "¿Qué tenés, qué te pasa?" preguntaban. Yo deambulaba de uno a otro licenciado, siempre aburrido y sin saber qué decir.
Tercer Mandamiento: el militante debía "militar". Es decir: desarrollar una actividad concreta a favor de la causa, en el marco de una organización y a las órdenes de una autoridad "correcta" y con la necesaria "jerarquía". Estas palabras, pronunciadas con solemnidad, nos aceleraban el corazón. Uno podía militar en el frente "barrial" o en el frente "estudiantil", o incluso en un frente "internacional". Pero lo más glorioso y auténtico era militar en el frente obrero. Entre los trabajadores de piel oscura, llenos de odio y de vida. Ese era "el lugar" adecuado para militar.
Naturalmente, yo también lo hice. Entré a "militar" en un frente "obrero" llamado Villa Insuperable. No era exactamente una villa miseria, sino una barriada humilde. Por ejemplo, las calles estaban correctamente delineadas, y algunas con asfalto. En determinado momento, iniciamos un trabajo denominado "entrismo", que consistía en acudir como "militantes sociales" para sumarnos, un poco misteriosamente, a las sociedades de fomento y otras organizaciones populares. En nuestro caso, participamos de un Movimiento Pro Agua y Luz en la Villa.
No recuerdo el cómo ni el cuándo. Se nos dio la consigna de visitar a los vecinos para convocarlos a una manifestación popular, reclamando servicios sanitarios y eléctricos. Casa por casa, golpeábamos las palmas en reclamo de algún criollo que aceptara ser adoctrinado. Esto se hacía siempre los domingos, para encontrar al jefe de familia. Además, nosotros íbamos al colegio de lunes a viernes.
Salía a la puerta, pues, un señor Palma, o Santillán, o Gauna, o Aguirre, o Hidalgo. Le mostrábamos el panfleto, le explicábamos lo apremiante de la situación y lo incitábamos a concurrir a la manifestación, con saña, con rabia, con indignación. El criollo nos miraba y prometía: "Sí, mi amigo, cuenten nomás con un servidor, yo voy a ir.."
Fatigamos aquellas calles grises y nos embarramos los zapatitos Gomycuer durante muchos fines de semana, robándole horas al estudio, a la compañera o al tenis. En nuestros delirios preliminares, disponíamos de 80 manifestantes aguerridos, incluso armados hasta los dientes. Descontando aquellos veinte que pudieran encontrarse borrachos en el momento del asunto, y otros diez con problemas personales, como una gripe o una hija violada, estábamos convencidos de contar con cincuenta obreros, a cual más negro y explotado. Así lo comunicamos a nuestro "militante", que procedió a alquilar un camión. Se trataba, más bien, de un viejo Rastrojero. Pero, en nuestros sueños, imaginábamos un verdadero Scania colmado de fervorosos obreros peronistas, y nosotros mezclados entre ellos. Con banderas y palos amenazantes.
Llegó el día del Acto. Un sábado. El Rastrojero pasó a buscarnos por Plaza Once y marchamos hacia Villa Insuperable, que estaba por el lado de La Matanza. Cuando fue la hora señalada (16:00) sumábamos siete personas en la caja de la furgoneta: seis estudiantes del Nacional y un marinero paraguayo, afiliado al Partido Comunista, posiblemente equivocado de citación, que se había trepado muy serio, con su mejor traje, camisa blanca y corbata al tono.
¡Qué desilusiones nos daba el proletariado!
En otra ocasión, logramos reunir a un buen grupo de vecinos en una casa de barrio. No se trataba del estadio clamoroso que nosotros soñábamos, ni un descampado miserable, ni un socavón entre las chozas, no. Sencillamente, una casa de barrio, donde la patrona había acomodado cerca de veinte sillas. Y allí se manían, un toco tiesos, unos cuantos vecinos, dispuestos a reclamar, con bastante furia, el agua y la luz que el país no les daba. Infiltrados entre ellos, nos encontrábamos nosotros, los militantes y activistas, dispuestos a captar cualquier contradicción para "profundizarla" y elevar el nivel de conciencia, hasta generar una auténtica .¡Conciencia de clase!.
Uno de los vecinos se puso de pie y dijo su breve discurso. Era don Nicola, un inmigrante recién llegado de la Calabria, que necesitaba más luz y mejor agua para su verdulería. El hombre habló con energía, los mofletes inflamados: "Il siñore Segba.¿Qué se pensa que siamo noialtri? ¿Siamo basura, siamo un pezzo di merda? ¡Ma non, siñore Segba, siamo seres humano!".
Alarmado, comenté al oído de mi compañero activista: "Este tano no tiene ni idea, cree que Segba es un señor." Obviamente, don Nicola se refería a los Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires. Segba.
- No tiene importancia, compañero. Es un militante de base. No tiene jerarquía, pero milita desde su lugar.
Así comencé a captar la idea: "Militante de Base". Nada que ver con un "cuadro".
Un día se nos dijo, en nuestras reuniones de catecúmenos, que el Movimiento estaba a punto de "sacar un Documento". Transcurrieron semanas, y luego meses. Cada tanto, nos preguntábamos:
- Che.¿Qué pasa con el documento?
- Lo están elaborando. Parece que va a tener mucha jerarquía.
- Ah, bueno.
Finalmente, se nos hizo llegar el Documento. Era un llamamiento político de dos carillas. Se imprimió con gran esfuerzo en los mimeógrafos y las simulcop de aquel entonces.
Un día, entré a mi casa (en Galileo y Copérnico, dentro del barrio llamado La Isla, Palermo Chico) con grandes paquetes de volantes.
Mis padres estaban de viaje, en Europa. La Tía Cándida se encontraba a cargo de mi persona y la de mis hermanas.
-¿Qué son esos papeles?- preguntó.
-Nada, cosas del Movimiento- respondí.
-¡Otro número! Espero que no me saques canas verdes- concluyó mi tía Cándida.
Llegó el viernes a la noche y nos reunimos, en el hall de la terminal ferroviaria Retiro, cuatro activistas y un militante: sin hablar, nos repartimos las resmas de impresos. Cada uno se dirigió a un rincón diferente del inmenso salón, donde miles de personas discurrían apuradas, en busca de su tren a los suburbios.
Yo envolví el fajo de panfletos en el brazo izquierdo, respiré hondo, tomé un volante y me dirigí al primer individuo que se me cruzó.
-Oiga señor, estamos distribuyendo este llamado a la revolución.
El tipo me miraba con impaciencia. No llegó a responder. Una mano firme me tomó del brazo. Dí la vuelta y me encontré con el rostro cansado de un viejo oficial.
-Policía Ferroviaria, acompáñeme- murmuró, mostrando una credencial.
Y así caímos presos en la Terminal de Retiro-Mitre. Los cinco "cuadros".
En aquella comisaría, había algunas prostitutas, algunos borrachos y otros seres oscuros que posiblemente fueran delincuentes en serio (¡no revolucionarios!) de modo que el comisario tuvo la bondad de sentarnos en la sala de espera. Lógico: éramos niños de familia educada, y menores de edad.
Me pidieron el número de mi casa. Llamaron a la Tía Cándida. Luego supe que, asustada, la tía había arrojado todas las copias del Documento por el incinerador. Así destruyó un esfuerzo de propaganda inédito, y retrasó la revolución socialista varios años.
Como mis viejos estaban de viaje, la tía no encontró mejor recurso que llamar a un amigo de mi padre, el empresario Pastor Oscar Magdalena, quien acudió a la comisaría y le preguntó al jefe: "¿Cuántos tractores hay que dejar a cambio de estos rehenes?".
-Nada, señor, lléveselos.
El chiste de Magdalena venía a cuento de que, en aquel entonces, después de la invasión a Bahía de los Cochinos, Fidel Castro exigía a los americanos un tractor por cada prisionero que devolviera al imperialismo yanqui.
En fin. Todo bastante cómico.
Aquella fue la época en que yo escuché hablar, por primera vez, de cuadros, militancia, activistas, jerarquía, contradicciones y ese tipo de cosas.
Diez años después, la vida había pegado un salto mortal.
Mi padre se había suicidado. El gran piso de Galileo y Copérnico se vendió.
Los activistas y militantes pertenecían a nuevas organizaciones, en cuyo seno se habían fusionado los católicos tercermundistas, los nazifascistas de Tacuara y la GRN, los comunistas, los social-cristianos, los "troskos", y muchos jovencitos que acudían en procura de "algo nuevo", convocados por el asesinato del ex-presidente Pedro Eugenio Aramburu.
Así es: la violencia excita. La agresión contagia.
El sentido del humor y el amor por la libertad empezaban a extinguirse. Todo transcurría en secreto, con armas, con explosivos, con una pasión por la aventura que clausuró todas las opiniones dubitativas. La idea no era pensar, sino obedecer, combatir, matar, morir. Y todos aquellos jóvenes se volcaban a la acción del brazo de su "compañera", muchos con hijos chicos. Por eso, a partir de 1976, cualquier parejita joven, con niños, a bordo de un Citröen, era altamente sospechosa.
De tanto "militar", llegaron los militares.
De más está decir que Silvio Frondizi, el digno profesor, fue asesinado. Alguien muy enterado, al ver mi congoja por la muerte de aquel hombre, me dijo al oído que, en las organizaciones terroristas, ostentaba el grado de "coronel". Nunca lo creí. Silvio no era así.
En fin, todo este capítulo lo ví desde muy lejos: tenía una casa en Sitges, sobre el Mediterráneo, y una familia con dos hijos. Me importaba traducir un mínimo mensual de quinientas cuartillas, del inglés o francés al castellano, a razón de 100 pesetas la cuartilla, para pagar la olla de judías y la damajuana de vino tempranillo, que era -en aquel entonces y en aquel bendito país- más barato que el agua.
Así fue como pasó el 60 y llegó el 70.
Por esas cosas del destino, mi carrera en "La Militancia" empezó a los 14 años y terminó a los 17, antes de que estallara la violencia. Supongo que, de no pegar este viraje, yo habría terminado donde tantos otros, que no se sabe dónde terminaron.
Quiero dedicar este artículo a todos mis condiscípulos del Buenos Aires: Mario Mactas, Juan Manuel y Fernando Abal Medina, Pablo Gerchunoff, Néstor Luis Lynch, Carlos Mario "Tacho" Adano, Charly Frondizi, Mariano Garreta, Carlos Chaneton, Carlos Fernández Ortiz de Rosas, Luis Stuhlman, Luis Aznar, Guillermo Ondarts, Adolfo Cambiaso, el Gordo Richaud, el Flaco Alba, Alberto Diez, Carlitos Stefani, Alejandro Biderman, Jorge Laverne, Rubén Caletti, Pascual Albanese, Carlos Tarsitano, Jorge Lewinger, Hugo Ferdman, José Eliaschev, Raúl Scari, Luis María Bandieri, las hermanas Eva y Marcela Zylverberg, Irene Israelit, Gustavo Ruprecht , Graciela Schwartz, Hugo Esteva, Felipe Solá, y muchos otros que en este momento no recuerdo.
Todos nosotros vimos de cerca cómo aquella cosa nacía y se desarrollaba, hasta convertirse en un matadero inexplicable.
Tal vez este relato sirva para significar lo que la Militancia es, y lo que no es..
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